“El esfuerzo constante –no la fuerza o la inteligencia– es la clave para liberar nuestro potencial”.— Winston Churchill

Era una mañana fría de marzo de 1989 en la ahora CDMX. Momento inolvidable: Ahí estaba con tres de mis compañeros residentes, a punto de iniciar nuestra rotación en la torre de Ortopedia del entonces llamado Hospital de Magdalena de las Salinas del IMSS. En aquel entonces la residencia era de tres años e iniciábamos el último, rotando ahí por seis meses. Cuando estábamos haciendo los trámites, el jefe del Servicio, mi querido maestro, el doctor Jorge Parra Rivero fue enfático: “¡Seis meses completitos!, no van a salir de vacaciones estando ahí, cuando regresen disfrutarán sus dos períodos a fin de que aprovechen bien su estancia”. La verdad, ni protestamos. Siendo una sede de alta especialidad, la idea era pasar por servicios con procedimientos que en ese entonces no se realizaban aquí. Había que aprovecharlo. Pero había más; la residencia en nuestra sede era tutelar, se estaba con un médico en la mañana y otro por la tarde; esto es, al terminar la rotación con el primero, nos íbamos a comer y esperábamos al del turno vespertino y seguíamos en el servicio, pase de visita en piso, consulta externa, quirófano o nos incorporábamos a la guardia. En general, el tiempo era bien aprovechado. Al llegar a Magdalena de las Salinas, nos llevamos la sorpresa que en ese hospital el trabajo terminaba a las dos de la tarde y ya solo permanecían los de la guardia. Pero nosotros solicitamos quedarnos, por la simple razón que estábamos entrenados para eso, lo cual significaba que éramos amos y señores para entrar a las cirugías, apoyar en la consulta externa o ir a la biblioteca…, ¡una señora biblioteca!, que era un lujo y donde a esa hora estaba literal para nosotros, a tal grado que, el bibliotecario se hizo nuestro amigo. Muy pronto, en el hospital destacamos con calificativos como chambeadores, cumplidores, abusados, interesados. Nos decían “los yucas”, a pesar de que el único yucateco era yo. Aún recuerdo que a muchas personas no les caía del todo bien la deferencia de los jefes del servicio a nosotros, y así recuerdo durante una cirugía cuando un maestro nos puso de ejemplo y le dijo a un compañero sudamericano que era bastante flojo: “Deberías, cuatito, ser aquí como los yucas… Pareces salmón, vienes de muy lejos nomás a echar la weba”. Al final de cuentas nos cayó el veinte de que esa rotación de seis meses valió por un año. Regresamos con un grado tan bueno de aprendizaje que, muchas técnicas y conocimientos los transmitimos en sentido inverso a nuestros adscritos. Siempre he sido un convencido que la diferencia entre un médico bien preparado y otro deficiente no reside solo en lo que se estudia, porque eso equivaldría a atascar de información la memoria de una computadora, sino hacer el conocimiento reflexivo y esto se aplica al fuerte componente psicomotriz que la profesión exige y más en las especialidades, llamémosles quirúrgicas, como es la Ortopedia, y es por eso que nunca se nos hizo pesada nuestra formación; se hacían guardias ABC y con todo eso la postguardia era aprovechable y reitero, siempre tuvimos un buen ambiente laboral, lo cual es fundamental.

Hace unos días se dio la noticia que las postguardias se han retirado de las residencias del IMSS. Entendemos el período que sigue a salir de una guardia, por ejemplo, a las 8 a.m., esto quiere decir que el residente ya se puede ir a descansar, aunque el turno hubiera estado tranquilo. Los residentes solo podrán estar un máximo de 24 horas continuas en el hospital; aplica a todas las Unidades Médicas y a las UMAE, con el objetivo de proteger la salud física y mental del residente y garantizar la seguridad del paciente.

Las Residencias Médicas se establecen reglamentariamente en 1973 y desde entonces adquieren el carácter y la forma de las contemporáneas. Ha transcurrido medio siglo, muy difícil saber la cifra de médicos especialistas generados y hubiera sido muy útil, antes de tomar este tipo de medidas, detectar si en esos años los médicos al final tuvieron un deterioro físico o mental, o si en la mayor mortalidad o morbilidad en los pacientes, el residente hubiera sido un factor definitivo, incluso más allá de la carencia de insumos…, y si así fue, ¿a partir de cuándo ocurrió? Es importante enfatizar que aun en los procedimientos quirúrgicos y asistenciales delicados, los residentes son supervisados por algún adscrito.

En el comunicado se puede leer: “El descanso posterior a guardia implica que el residente no continuará con actividades académico-asistenciales en la jornada inmediata posterior… Esta medida no debe afectar la evaluación académica”. El decreto es de aplicación inmediata. El argumento: las jornadas prolongadas y la falta de sueño incrementan el riesgo de errores médicos. Como era de esperarse, la medida ha generado una serie de comentarios a favor, de lo que interpreto es la mayoría de los médicos especialistas recién egresados o actualmente en adiestramiento, que sufrieron o padecen algún tipo de acoso laboral, maltrato o carga excesiva de trabajo y arremeten contra las generaciones anteriores. La pregunta es simple: ¿Desde cuándo y por qué la postguardia se ha convertido en un asunto problemático? Como suele ocurrir, este tipo de medidas se toman sin hacer un análisis concienzudo del tema, sin tomar en cuenta a las Universidades que son las que avalan académicamente a las sedes, y menos a los Colegios Médicos. Entre tratar de resolver la falta de insumos, el deterioro de las instalaciones hospitalarias y académicas…, se van por algo más fácil, que no resuelve el problema, puesto que hay que ir a las causas, como son: dejar de utilizar a los residentes como fuerza laboral primaria; acabar con el maltrato generacional, que incluye las guardias de castigo, acosos sexual y laboral; discriminación en todas sus formas: clasismo, misoginia, homofobia y un considerable etcétera, porque no deja de ser alarmante que no se esté tomando en cuenta que la formación del médico tiene un enorme componente psicomotriz y la medida restará horas de aprendizaje.

No perdamos de vista el grave error de haber duplicado la matrícula de residentes, con lo cual acceden médicos mal ranqueados, de bajas calificaciones, mal preparados, egresados de escuelas “patitos” y con la grave carencia de entrenamiento en campos clínicos que ha ocasionado un serio hacinamiento de residentes, a tal grado que, hay sedes donde se hacen guardias una vez a la semana, porque es duro decirlo: ¡no tienen en donde tenerlos! Y no olvidar cuando menos tres generaciones que no tuvieron entrenamiento hospitalario por el tema de la pandemia. Atribuir esta situación a la postguardia y suprimirla, solo va a redituar aún más en la deficiente formación de especialistas. Sé que muchos jóvenes colegas no van a estar de acuerdo, solo puedo comentarles que no es un tema de brecha generacional: no lo es. Tuve el privilegio durante 23 años de formar médicos ortopedistas y en algo estoy de acuerdo: las condiciones laborales e institucionales lamentablemente no son las mismas. Hay que poner remedio a las causas, de manera autocrítica, en tanto, deberían dejar que la medida sea opcional y aquel residente que quiera permanecer, que lo haga, por el bien de lo más importante que hay para nosotros: el paciente.— Mérida, Yucatán

Médico y escritor

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