Existe la tendencia de confundir la celebración de un acontecimiento que merece la pena recordarse con alegría, júbilo y gozo, con la “conmemoración” de un evento histórico, o algún acontecimiento triste, trágico o lamentable, que ha causado tristeza, indignación o daño.
Según la Real Academia de la Lengua Española, conmemorar es “Recordar solemnemente algo o a alguien, en especial con un acto o un monumento.”
En ese orden de ideas, sería incorrecto, el referirnos al primero de mayo, día internacional del trabajo, como una fecha de celebración, en virtud de que, de acuerdo con las referencias históricas, se eligió ese día para traer a nuestra memoria la “Revuelta de Haymarket”, también conocida como la “Tragedia de los Mártires de Chicago”.
Líderes sindicalistas en los Estados Unidos de Norteamérica convocaron a una gran huelga nacional a celebrarse el primero de mayo del año 1886, siendo la ciudad de Chicago el epicentro del movimiento, en donde también operaba una de las agrupaciones más activas, la “Noble Orden de los Caballeros del Trabajo”
Reclamaban el cumplimiento de la ley expedida por el presidente Andrew Jackson, en la cual se establecía una jornada laboral máxima de ocho horas. Los patrones no respetaban esta disposición, ya que la realidad era que las jornadas eran excesivas y extenuantes, con duración de entre 14 y 16 horas, incluyendo, además, a menores de edad y mujeres.
En la Fábrica McCormik de Chicago, al llegar la fecha de inicio de la huelga convocada, es decir, el primero de mayo de 1886, el movimiento fue reprimido violentamente por los patrones.
Posteriormente, el 4 de mayo de 1886, en un mitin que se celebraba en la plaza de Haymarket, ante la presencia de cuerpos policiacos, estalló una bomba que propició la muerte de varios oficiales, habiéndose señalado como responsables a los líderes anarco sindicalistas Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, August Vincent, Theodore Spies y Louis Linggaás, quienes fueron sujetos a un juicio totalmente manipulado, que culminó con la sentencia a muerte por ahorcamiento de la gran mayoría de ellos, salvo a Samuel Fielden y Michael Schwab, ambos condenados cadena perpetua y Oscar Neebe, condenado a 15 años de trabajos forzados.
Indulto
Años después, el gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, indultó a los tres supervivientes (Fielden, Schwab y Neebe) al comprobarse la manipulación del juicio y la falta de evidencias en su contra, y los ejecutados fueron declarados mártires de un crimen de estado.
El primero de mayo se conmemora, entonces, la injusta muerte de los líderes sindicales ejecutados, con motivo de un movimiento obrero violentamente reprimido. Como consecuencia de la repercusión internacional del suceso, se logró el reconocimiento al derecho de los trabajadores a una jornada máxima de ochos horas, por la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en el Convenio Núm. 1 (1919), que establece la jornada máxima para industrias, complementado por el convenio 30, que consigna la jornada máxima para comercio y oficinas.
Entonces, en lugar de “Celebrar el Día del Trabajo”, deberíamos decir, “Conmemoremos el día del Trabajo”, día del sacrificio de los “Mártires de Chicago”, impulsores del respeto a los derechos fundamentales de los trabajadores.— Mérida, Yucatán
Director Académico Facultad de Derecho y Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac Mayab
