Editorial

Hace algunos días tuve el honor de impartir una plática para el Instituto Mexicano de Contadores Públicos, Región Centro Istmo-Peninsular, sobre cómo el nuevo orden mundial está transformando el entorno económico y empresarial. Más allá del diagnóstico —que ya se ha repetido ampliamente— el punto central es otro: cómo estos cambios están alterando las decisiones estratégicas dentro de las empresas.

Estamos ante un cambio de época. El mundo que conocíamos, basado en la globalización abierta, el libre comercio y la eficiencia de costos, está siendo sustituido por uno donde predominan la seguridad económica, la geopolítica y la tecnología como instrumentos de poder. La rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania y el resurgimiento del nacionalismo económico no son eventos aislados: son señales de que las reglas del juego han cambiado.

Esto tiene una implicación directa: las decisiones empresariales ya no se toman únicamente con base en precios, costos o mercados, sino en variables que antes parecían ajenas al ámbito de la empresa: riesgos geopolíticos, dependencia tecnológica, estabilidad de las cadenas de suministro y alineación con bloques económicos.

Antes, una empresa buscaba producir donde fuera más barato. Hoy, debe preguntarse: ¿dónde es más seguro producir? Antes se priorizaban cadenas globales largas y eficientes; ahora se privilegian cadenas más cortas, regionales y resilientes. Antes el comercio era una oportunidad; hoy también es un riesgo.

Pero hay un elemento adicional que resulta clave para entender el nuevo entorno: el regreso de la política industrial.

Durante décadas, la lógica dominante fue que el Estado debía limitarse a garantizar estabilidad macroeconómica y dejar que el mercado asignara recursos. Hoy, esa visión ha cambiado. Los gobiernos están interviniendo activamente para impulsar sectores estratégicos mediante subsidios, restricciones comerciales, incentivos fiscales y control tecnológico. No se trata solo de crecimiento económico, sino de seguridad nacional.

Alineación empresarial

Esto implica que las empresas ya no crecerán únicamente por ser más eficientes, sino por estar alineadas con prioridades estratégicas de los gobiernos. Sectores como semiconductores, energía, inteligencia artificial, manufactura avanzada o minerales críticos están siendo impulsados deliberadamente. Otros pueden quedar rezagados, independientemente de su eficiencia económica.

Para una empresa en México —y particularmente para las pequeñas y medianas— esto representa un cambio profundo. Ya no basta con “adaptarse al mercado”; ahora es necesario entender hacia dónde se está moviendo el entorno político y económico, porque ahí se definirán muchas de las oportunidades.

El papel de la IA

A esto se suma la irrupción de la inteligencia artificial. Si la geopolítica redefine el “dónde” y el “con quién” hacer negocios, la IA redefine el “cómo”. No solo automatiza procesos productivos; empieza a automatizar decisiones. Reduce costos, mejora la eficiencia, permite personalizar servicios y convierte a los datos en la principal fuente de ventaja competitiva.

En este nuevo contexto, las decisiones estratégicas empresariales deben transformarse en al menos cuatro dimensiones. Primero, diversificar riesgos, evitando depender de un solo cliente, proveedor o mercado. Segundo, ganar flexibilidad operativa, priorizando la capacidad de adaptación sobre estructuras rígidas. Tercero, incorporar tecnología de forma activa, especialmente inteligencia artificial, como una herramienta para mejorar procesos y decisiones. Y cuarto, fortalecer la toma de decisiones basada en información, utilizando datos y análisis para enfrentar un entorno cada vez más incierto.

Más que competencia

En este nuevo entorno, las empresas ya no compiten únicamente en costos o eficiencia, sino en su capacidad para anticipar riesgos, adaptarse a cambios estructurales y alinearse con tendencias estratégicas globales.

La toma de decisiones empresariales exige hoy una visión integral que combine mercado, geopolítica y tecnología como ejes centrales de la estrategia.— Mérida, Yucatán

Presidente del Colegio de Maestros en Administración y Políticas Públicas del Sureste y profesor de la Facultad de Economía de la Uady

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