Llegas “a casa” y te envuelve el zumbido de los climas artificiales o los motores de maquinaria pesada.

Entran y salen motociclistas en un ir y venir que no se detiene desde las primeras horas de la jornada.

Voceadores, cobratarios, diligencieros.

Intendentes y colaboradores de mantenimiento que hacen un trabajo hormiga que nunca se ve ni aparecen cuando se recogen los éxitos.

Temprano, oficinas llenas, administrativos, ejecutivos, vendedores.

Y todo el día, girando en la calle o en la Redacción, periodistas de todo tipo que hacen posible la información que da vida a las páginas del Diario impreso, que alimentan las plataformas informativas que ahora forman parte, hermanadas, de un “DY” que ha crecido, que se transforma y siempre está a la vanguardia.

Las nuevas generaciones han posicionado a los medios en un espacio que, cuando llegamos oficialmente a esta “casa” cerrando los años ochenta, ni remotamente imaginábamos se podría llegar.

Esa de las redes sociales y el internet son labores, en su mayoría, de las famosas nuevas generaciones.

Pero el Diario y su larga, titánica, maravillosa historia, está resguardada como un tesoro invaluable.

De la primera letra del 31 de mayo de 1925 a la última de la edición de este 31 de mayo de 2026. Todo esto tiene un clímax.

De salida, a veces cuando ya el pueblo duerme, hay un ruido que es más fuerte que los del clima y los motores, que es sorteado por operarios con audífonos y orejeras, entre botes de tinta y enormes bobinas de papel.

La inmensa rotativa.

¡El Diario! Los ejemplares del Diario que están saliendo como pan caliente listos para irse a los hogares de tantos usuarios que siguen fieles a su ejercicio de todos los días: leer y enterarse por medio del Periódico de la Vida Peninsular del devenir del mundo y que hacen suyo, sienten al Diario como parte de sí.

El Diario se debe a todos, no sólo a uno o a dos.

Se debe a decenas, cientos de colaboradores, muchos de ellos tejiendo esta telaraña de pasiones, de metas definidas y bien enfocadas, que continúa con la noble misión de informar y educar a estas y a las generaciones del futuro como hizo con las del pasado.

Y yo feliz, de poder contarlo porque ha sido mi universidad de vida.

Cien más uno, gracias a todos. Estamos donde tú estás.— Mérida, Yucatán

*Periodista

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán

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