Nada de lo que ocurre en el país sorprende; es algo que ya se esperaba con la llegada de gente que en el discurso pregona y presume ser diferentes, pero conforme pasa el tiempo, su comportamiento dice lo contrario.
Los que creyeron en un individuo y le dieron el voto, muy pronto conocieron su verdadero “yo”. Una personalidad muy alejada de lo que dijo ser.
Son ocho años ya los transcurridos y por donde se le busque, no estamos mejor. Eso se ve a diario; todos nos damos cuenta de ello, quizás por eso hay muchos decepcionados.
En lo que sí quedan reprobados por completo sin que medie justificación alguna para salvarse, es en el “cacareado” amor a la Patria.
Pregonan humanismo, cuando en realidad destilan odio y desprecio hacia quienes no comulgan con su ideología.
Alzan la voz incitando al “pueblo” a defender la soberanía de México, cuando fueron capaces de negociar en campaña con bandas criminales y ya en el poder entregaron buena parte del territorio nacional.
Por eso estamos como estamos y hay que reconocerlo para que no anden culpando al pasado de todo lo malo que hoy, en el presente, está ocurriendo en México. La falta de humanismo de un gobierno que se ufana de tenerlo se ha exhibido en diversas acciones que dañan a la población.
Recientemente, se dio el tras- lado de un adulto mayor, con problemas de salud, en un viaje de 40 horas por carretera.
Es realmente indignante lo que hicieron al permitir que sucediera y más aún que la presidenta con “a” saliera a decir que no estaba de acuerdo pero que era el protocolo, ¿usted lo cree?
¿Para qué es presidenta? Y “comandanta” de las Fuerzas Armadas. ¿para que pregonan un humanismo que está lejano de tener?
Sin embargo, hay una lectura de este acontecimiento. Cuando vi la llegada de Ernesto Ruffo a su casa, después del viaje de 40 horas por carretera, no me quedó más que decir: “Dios lo bendiga”. ¿Cansado? Sin duda, pero amable, con ánimo y buena disposición para atender a la prensa que lo esperaba desde temprano.
Bromeando, entonando y modificando la letra del “caballo blanco” por “cabello blanco” en alusión a sus canas.
Si quienes hoy gobiernan creyeron que lo verían acabado, humillado después del largo viaje al que lo sometieron, se equivocaron; demostró entereza, respeto (el que no recibió de un gobierno que modifica leyes, encarcela opositores y les finca responsabilidades, pero brinda protección a los suyos aunque estén señalados por sus nexos con el crimen organizado).
Pretender engañar al “pueblo” es un error. El pueblo, tarde o temprano habrá de despertar porque la gente es buena pero no tonta.
Otra situación por demás inaceptable e indignante ocurrió recientemente, en Los Pinos, en el área dedicada a los expresidentes de México; situación por demás violenta que fue tolerada por quienes se supone cuidan de la seguridad del lugar.
Vergüenza deberían sentir quienes permitieron el acceso a Los Pinos de un grupo de revoltosos.
¿Eso quiere decir que cualquiera puede ingresar a lo que un día fue residencia y oficinas de expresidentes y cometer alguna fechoría? Porque la estatua del expresidente Felipe Calderón fue tirada hace poco más de un año sin que las autoridades y el gobierno tuvieran la delicadeza de mandar colocarla en su lugar a pesar de tener conocimiento de lo sucedido.
Nadie con un poco de sentido común cree que pudo haberse caído; por el contrario, al ignorar tal situación y no darse a la tarea de repararla y colocarla en su lugar, como es su deber, ha quedado claro que las autoridades y el propio gobierno no le dio la importancia que debería tener por tratarse de un expresidente de nuestro México.
Es absurdo e inaceptable que los cuerpos de vigilancia, funcionarios y gobierno no hicieran algo de inmediato. Deberían ser destituidos quienes permitieron tal atrocidad.
No hay duda de que fue intencional el haberla derribado, como también permitir que revoltosos ingresaran a Los Pinos a vandalizar la estatua.
¿A quién sirve ese grupo? ¿Por qué se permitió el desorden? ¿Por qué miraron hacia otro lado los elementos de seguridad?
Si quien gobierna fue indiferente ante lo ocurrido recientemente con dos personajes de la política en nuestro país, no debería extrañarnos. El traslado de Ruffo por carretera y el asunto de la estatua de Calderón ha dejado claro quién y cómo es la presidenta con “a”.
Se entiende el porqué estamos reprobados en educación si las propias autoridades dejan en claro que gobiernan sin conocimientos, sin respeto a nada ni a nadie. Y que el humanismo que tanto pregonan es solo una mentira más de las tantas que expresan.
En cambio, la tolerancia a las provocaciones, al vandalismo y a los pactos mafiosos, los define como realmente son.
Gente así, no merece gobernar un país como el nuestro.— Ciudad de México.
Periodista
