Es cierto. No lo voy a desnegar, como en el rancho del Potrero dicen. El PRI fue una dictadura. Pero fue una dictadura benévola. Claro, hacía a un lado su benevolencia cuando sentía una amenaza, como en el 68 y el 71. Pero de ordinario buscaba el bien general, aunque fuera después de que sus capitostes se aseguraban el bien particular.
Así, pusieron a México en el concierto de las naciones civilizadas; le dieron prestigio en el ámbito internacional. En lo interior fomentaron el progreso del país.
Le dieron una amplia red de carreteras y ferrocarriles; procuraron la alfabetización en las ciudades y en el campo; la electricidad llegó a los más apartados rincones del territorio nacional.
En el renglón de la salud el IMSS, el Issste y el Seguro Popular atendieron con apreciable eficacia a la población rural y urbana.
La absurdamente llamada Cuarta Transformación, que equiparaba, y sigue equiparando, a López Obrador con Hidalgo, Juárez y Madero, destruyó ese sistema de salud pública mientras el cacique proclamaba que íbamos a tener un servicio hospitalario mejor que el de Dinamarca, y hacía frente a la epidemia de Covid con una estampita del Sagrado Corazón, desplante de arrogancia y autosuficiencia que no llegó a tener Idi Amin Dada en sus más extremados delirios de grandeza.
Pero la realidad tiene el defecto de ser siempre demasiado real. Los hechos son muy tercos. Ahora estamos viendo los efectos de esa política de ocultamientos, mentiras y —ahora lo sabemos— rampante corrupción.
En varias ciudades del país los médicos y enfermeras del Seguro han salido a la calle a protestar por la falta de medicamentos y equipo necesario para la debida atención de los pacientes. Una enfermera declaró que en algunos casos ellos mismos deben aportar los insumos necesarios, pagándolos de su bolsillo, a fin de por lo menos aliviar el dolor de los enfermos.
Los bajos salarios de los trabajadores son otro motivo de inconformidad, y el magro aumento pactado con el patrón por el dirigente sindical ha provocado igualmente la inconformidad del gremio.
Tal parece que en el renglón de la salud, al igual que en otros muchos, estábamos mejor cuando estábamos peor. Como la sardina del dicho popular, caímos de la sartén al fuego.
Para colmo las arcas del erario están sin pesos por el peso de las cuantiosas dádivas que a la manera de los césares romanos inventó AMLO para formar su clientela electoral y ganar popularidad, y perpetuidad, para los gobiernos de su maximato.
Nueva dictadura es ésta, pero carente de los recursos que se requieren para ser benévola. Lo demuestra la caótica situación del IMSS.
Ante el actual estado de cosas no faltará quien diga, con un suspiro pesaroso, que todo tiempo pasado fue mejor.— Saltillo, Coahuila.
