La actriz Maya Zapata considera que ha sido discriminada en varios proyectos en teatro

CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— El movimiento “Poder prieto”, integrado por más de 200 personas de la industria del entretenimiento, reclama la importancia y la urgencia de existir y abrazar la “morenitud” en México, que no se ve representada en la televisión, el cine y el teatro.

Desde niña, dice Maya Zapata en entrevista, no se ha visto reflejada en la industria en la que trabaja debido al pensamiento de una sociedad que fue obligada hace cientos de años a negarse a sí misma, a desconocer su color de piel, a avergonzarse de él: “Es claro cómo no existe esa representación en los puestos importantes, tanto enfrente de las pantallas como detrás de ellas”.

La actriz de series como “El secreto de Selena” y “Run coyote run” considera que la pandemia mostró todas estas cosas que no nos habíamos atrevido a ver.

“La principal son los distintos sistemas que fomentan la desigualdad en un país como México. Sin duda el racismo es uno de esos grandes sistemas de opresión que no permiten que México avance, que esté en un lugar mejor y no solamente México, también Latinoamérica”.

Desde el año pasado, la actriz ha puesto el tema sobre la mesa y ahora es parte de este movimiento que está abordando el tema y tomando acción. Reconoce que este año hay mayor fuerza y determinación, y que un factor importante en este proceso fue lo ocurrido a Fátima Molina cuando protagonizó “Te acuerdas de mí” en Televisa y fue criticada por su color de piel y sus rasgos físicos, pero también por el hartazgo de no ver representado al grueso de la población en la pantalla.

“Hoy lo que sucede en nuestras televisiones, lo que vemos en Netflix, Amazon es ofensivo, es ofensivo para el pueblo mexicano que no se lo merece; estas empresas vienen a México con una agenda progresista que sí respetan en sus países de origen pero que una vez que cruzan la frontera para acá parece que no se dieron cuenta (y sí se dan cuenta). La petición es: vamos a cambiarlo. A nuestra gente se le respeta, y lo mismo pensamos inspirar en el resto de Latinoamérica, porque si nosotros no tenemos reconocido nuestro racismo, en el resto de Latinoamérica es más complicado”.

El actor y cantante Jorge Aranda tampoco ha escapado del racismo. En su familia es uno de los pocos con su color de piel. Cuenta que siempre lo llamaron “prietito” o “negrito”, y aunque era de cariño, hoy ve fotografías de su infancia en las que aparece echándose talco porque quería ser “blanco”. La última década no ha dejado de actuar y de hacer música pero, señala, todo el tiempo está sorteando circunstancias que no deberían ocurrir, como que no lo dejen entrar al set de grabaciones de alguna película porque no parece actor, o como que la policía lo detenga en la colonia en la que vive desde hace años por parecer sospechoso, aunque sólo camine como otras personas.

“Como actores no es que no tengamos trabajo, es cambiar la narrativa, ¿por qué un actor o actriz blanca sí puede hacer a la señora pobre, a la señora rica, a la de la cárcel, al taxista, a la abogada, ¿y por qué a las personas morenas en muy pocos casos nos dejan ‘castear’ para el rico, el exitoso, el profesionista o el protagonista?, a menos que el protagonista sea el pobre, pero en la mayoría de los casos los morenos somos el malo, el pobre, el de servicio, el mesero, la que hace la limpieza”.

El artista Alan Uribe está consciente de que lograr un cambio no será tarea fácil, menos cuando quienes han sido privilegiados por esto se vean tocados por la situación, pero es algo urgente e importante, que ya no puede ni debe posponerse. También es urgente, agrega, ver hacia los microracismos que se usan cotidianamente.

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