Página en blanco. Un viaje a la CDMX para darle el último adiós a mi hermana, quince años mayor que yo, y visitar en sus últimos días a mi otro hermano con un cáncer terminal que le aqueja desde hace un año. La verdad no es nada grato hacer el viaje con tales propósitos. Una hora cuarenta minutos en un avión atiborrado de gente. Me subí al avión con ganas de desconectar mi mente y pensar en algo que pudiera distraerla, como recordar a mi hermana en vida.
Abro a mi compañera de siempre: una libreta donde anoto solo lo que veo relevante para llevármelo a la memoria sin el menor olvido. Se ha convertido en algo que me hace sentir una compañía cerca de mí y de mis pensamientos.
La narrativa de lo que pasaba por mi cabeza al estar sentado en un asiento inmóvil en una posición incomoda, me parecía algo muy pedestre. La página en blanco no inspira a nadie y menos en un avión sentado en un asiento que no se puede mover por estar detrás de la puerta de emergencia.
Recordé lo que alguna vez me dijo la maestra de literatura: “Las primeras 3 líneas son las más difíciles para iniciar un texto.” Me la pasé viendo el papel en blanco de mi libreta hasta los 10,000 pies de altura que anuncio el piloto.
Las ideas pasaron como una película y decidí escribir algo de lo que casi nunca he escrito, mucho menos en un avión, una historia de lo primero que me viniera fuera del tema que fuera.
Así nació en mi imaginaria el personaje de Diego, un escritor exitoso que alcanzó mucha fama con su primera novela y se siente atrapado en la presión de escribir algo mejor.
Desesperado, una noche encuentra una vieja libreta en su estantería, libreta que no recuerda haber comprado. Su portada es simple y muy gastada, en la página inicial hay una nota escrita a mano: “Escribe y descubrirás lo que nunca imaginaste”.
Intrigado empieza a escribir sin pensar demasiado. Las palabras fluyen como nunca antes. Lo extraño es que al releer lo escrito, descubre que la historia narra hechos de su propia vida, sucesos que le recuerda haber vivido.
Cada página revela un nuevo fragmento de su pasado como si alguien más estuviera contándole su propia historia.
La azafata me deja unos cacahuates en la mesita del asiento y me doy cuenta que venia el carrito de las bebidas.
No quería que me interrumpiera. Tuve que decir que no a un poco de agua o jugo a pesar de que tenía sed porque la musa se había manifestado.
Personas que creía desaparecidas se hacían presentes en la historia. La libreta empieza a adelantarse. Escribe sola, le muestra eventos que aún no han sucedido. Diego se sorprende, su corazón late más rápido, algunos son agradables, otros son aterradores. Debe decidir si sigue escribiendo hasta descubrir su destino, o si cierra la libreta para siempre. Continúa, y en las siguientes paginas, lee los titulares sobre un accidente aéreo y ve su nombre relacionado al tema.
Toma la decisión de desafiar al destino y deja la libreta abierta, pero ya no escribe, así ya no podrá pasar nada, pero las palabras siguen apareciendo sin que Diego escriba nada. Ahora aparece un texto que dice: “Alguien viene por ella”…De pronto suena el timbre, duda en abrir pero el teléfono vibra con un mensaje de su mejor amiga, Diana…“Estoy afuera. Abre por favor. Es urgente”.
Tembloroso, Diego revisa la libreta y aparece el nombre de Diana” con un ultimo texto: “Si abres la puerta todo cambiará. Si no, seguirás viviendo en la mentira”.
Diana entra, pero algo es diferente. Con voz quebradiza le dice: “Tú no eres Diana, Diana murió hace años. Tú…eres solo su historia inacabada”.
La libreta cae al suelo. Las palabras en sus páginas comienzan a borrarse una por una, hasta que queda solo una última frase: “Página en blanco”.
Se escucha por el sonido del avión: Iniciamos nuestro descenso. Yo terminé la historia en mi libreta.— Mérida, Yucatán, 24 de marzo de 2025
X (antes Twitter): @ydesdelabarrera
