Dios siempre ha estado enamorado de nosotros, de cada uno, de la comunidad humana, recordó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa de profesión de votos perpetuos de las religiosas María Fernanda Damián Rivera y Rocío Ileana Canché Oy, de la congregación de las Misioneras de la Madre de Dios, que celebró anoche en el convento de la institución religiosa.
El amor de Dios es paciente, nunca cambia, nunca falla, subrayó.
El prelado dijo que el amor del pueblo sí ha fallado, pero en la historia han habido hombres y mujeres que han sido fieles al amor del Señor. “Nadie ha habido, ni nadie habrá como la Virgen María, Madre de Dios”.
Hay hombres y mujeres que se consagran a nombre de la Iglesia, al servicio de Dios, recordó.
También dijo que independientemente del servicio, del carisma, lo que importa es que ellos y ellas son signo visible del amor de Dios.
Antes del Concilio Vaticano II se solía cambiar el nombre de las consagradas y ahora quedó en desuso porque se quería resaltar la grandeza del bautismo.
Al referirse a la consagración de las religiosas, resaltó que lo que ellas hacen es llevar su bautismo a un grado especial por llamado de Dios, para ponerlo a la vista y poder ser modelo de Dios sobre todas las cosas, aún en los casados.
El rito de consagración perpetua se inició con el llamado de las dos religiosas por parte de la superiora Cecilia Lozano Mendoza. El arzobispo preguntó qué le piden a Dios y a su Iglesia, y ellas en respuesta dijeron que querían servir a Cristo, con entrega total, todos los días de su vida.
El rito continuó, luego de la homilía, con preguntas a las religiosas sobre la disposición de entregarse a Dios, según reglas y constituciones; la letanía de los santos, lectura de profesión de votos perpetuos, firma de estos documentos, bendición solemne, entrega del anillo a cada religiosa, signo el sagrado desposorio con Cristo y admisión definitiva a la congregación de las Misioneras de la Madre de Dios.
Luego, la concurrida misa continuó como de costumbre. Al final, la superiora dirigió palabras de agradecimiento.
El arzobispo celebró con los padres Justo Ceballos Uc, Lorenzo Mex Jiménez, Pedro Novelo López, José Guadalupe Álvarez Martínez y Martiniano Cruz Rosales.
Tras la ceremonia se realizó una convivencia y un festival con jarana.— Claudia Sierra Medina
