seminario menor

Partes medulares de la conferencia “Los colaboradores del Seminario”, impartida por monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación del Clero, durante el desayuno espiritual a beneficio del Seminario Menor

Los colaboradores, las familias de los seminaristas y de los formadores y los bienhechores forman parte de la comunidad educativa del Seminario. Esto implica que cada uno de ellos, en cuanto personas y como grupos, constituye una referencia de fe, de pertenencia a la Iglesia y de formación para los seminaristas.

Deseo poner atención a tres flujos o movimientos que se dan entre los colaboradores, las familias, los bienhechores del Seminario y la comunidad formativa.

El primer flujo brota del mismo origen de la vocación. La familia y la comunidad parroquial son como el seno materno que ha recibido el don de la vocación sacerdotal, protegido y custodiado hasta el ingreso en el Seminario. Para algunos la escuela también forma parte de ese origen vocacional, cuando los maestros favorecen un ambiente educativo de valores humanos y cristianos.

Cada seminarista trae consigo la inmensa riqueza de los valores aprendidos de la familia y de las experiencias que ha tenido en la comunidad cristiana…

El segundo flujo surge del don de la vocación y del proceso formativo. Una vocación sacerdotal es una bendición para la parroquia, la escuela, la familia y todos los que entran en contacto con ella. Las familias, los colaboradores y bienhechores se benefician de la actividad formativa del Seminario. No son solo espectadores de la maduración de los seminaristas, sino que ellos también crecen en todos sentidos…

El tercer flujo es la influencia directa de los colaboradores, la familia, la escuela y los bienhechores en la formación de los seminaristas, pues también ellos son agentes formativos. ¡Cuántas veces una palabra o un ejemplo de los laicos ha sostenido y animado una vocación sacerdotal! ¡Qué decir de una corrección cariñosa hecha a tiempo por un padre o madre de familia, o por los abuelos o los hermanos!

Es importante que las familias, los colaboradores y los bienhechores tomen conciencia del papel delicado y discreto que les corresponde. No se trata de agobiar al seminarista, ni de exigirle comportamientos externos, sino de mirarlo con caridad fraterna, rodeando la relación con él de un verdadero sentido espiritual y discipular y actuar, si conviene, cuando consideren que ésta es la voluntad de Dios. Esta colaboración con la formación puede ser de gran ayuda, pues ellos conocen aspectos que con frecuencia escapan a los formadores…