Pastoral de la salud
El pasado 11 de febrero celebramos la XXVI Jornada Mundial de Oración por los Enfermos, una jornada que nos invitó a reflexionar y profundizar sobre el cuidado y atención que reciben nuestros hermanos que más sufren.
Como dimensión diocesana de la pastoral de la salud acudimos a algunas parroquias de nuestra arquidiócesis a compartir con los hermanos de las comunidades los talleres sobre el duelo y como visitar y acompañar a los enfermos. También se convocó a una jornada de adoración eucarística para orar por todos los enfermos, especialmente por los que se encuentran mas graves o en situación de riesgo.
Se invitó a los visitadores de enfermos que realizan su apostolado en diversos hospitales a una jornada de estudio y ahí pudimos compartir nuestras experiencias y enriquecernos. Por la tarde tuvimos la celebración eucarística en donde se administró el sacramento de la unción a los enfermos.
Cada año el Santo Padre nos ofrece un mensaje que resulta iluminador para este momento. Este año el Papa centró su mensaje en la contemplación de la Virgen María como madre nuestra, entregándola a san Juan y con él todos nosotros. Coloca a la Iglesia, como María, como una madre que esta cerca.
“Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar. La imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población”.
A María, madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la madre del señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, coordinador diocesano de la Pastoral de la Salud
