Agatha Ruiz de la Prada no se apaga ni se desanima
Su vida ha sido y es muy acelerada, pero no la cambia por nada. Para ella es un sueño hecho realidad ser diseñadora, que miles de personas de todas las edades usen sus prendas, objetos y todo tipo de artículos que llevan sus diseños, y además viva de ello.
Para Agatha Ruiz de la Prada cada nuevo día es como su moda: una “bomba” de color en la que el amor a la vida es el antídoto para contrarrestar todo lo que la pueda obscurecerla, de ahí que el color negro no tenga cabida en su vida y sus diseños.
Fresca, con vestido y accesorios de su propia marca, como ella viste hasta cuando usa pijama, Agatha se sienta en un rincón de la tienda donde están a la venta sus productos y ofrece al Diario una entrevista que se convierte en una cadena de anécdotas que cuenta una detrás de otra, sin prisa, y con la chispa que irradia desde su nombre, que más que marca comercial es desde hace años tendencia internacional.
“La vida no deja de sorprenderme y la rapidez con que los hechos suceden tampoco, por eso hay que vivirla sin amargarnos y buscando hacer un bien, cada vez que se pueda y sin cansancio”, afirma al tiempo que acaricia las flores del centro de mesa donde está sentada y que son de los colores vivos que la identifican.
Y es que dentro de todas las causas sociales que apoya, para Agatha la más importante es la que se relaciona con la ecología y el medio ambiente.
“Incluso hace poco armé un escándalo cuando entré a mi cuarto de hotel y descubrí que las ventanas estaban abiertas y el aire acondicionado funcionando. No podemos permitir estas acciones así como está el planeta”, exigió.
Inquieta, pero sin perder el hilo de lo que cuenta, confiesa que es una adicta de la red social Instagram, a la que se añadió hace un par de meses y hasta sus hijos le dicen que exagera en su uso. “Pero es que me ha fascinado desde la primera imagen que subí y es donde he publicado la foto que más impacto ha causado”, explica al referirse a una donde está en el interior de una alberca de un hotel en Cancún y muestra uno de sus bolsos fuera del agua. “Me impresionó el número de ‘likes’ que le dieron en minutos”.
Sin perder su estilo y sello, la española se toma el tiempo necesario para escuchar a sus clientes y seguidores, que le cuentan cómo adquirieron esa maleta o playera y agradece cada detalle, como el de una señora que llegó con un ejemplar del Diario que destacaba su reciente presentación en Cancún y ella, a cambio del ejemplar, le regaló un bolso de la tienda. “No le den una carterita, que sea un bolso”, exigió al ver el tamaño del primer obsequio que le iban a dar a la persona que no salía del asombro ante ese gesto espontáneo.
“Me tardé en visitar la ciudad de Mérida por primera vez, pero lo poco que he visto hasta ahora me ha fascinado. ¿Que esta ciudad me inspire a una nueva colección?.. podría ser, todo es posible con tanto color y vida en esta ciudad”, confiesa a la pregunta que se le hace.
La diseñadora, que asegura que la mujer vive una época de empoderamiento que hay que aprovechar para que aquellas que no lo han hecho salgan de su caparazón y muestren lo que tienen dentro, dice que no tira la toalla por nada. “Hay mucha Agatha para rato”.— Renata Marrufo Montañez
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