“El corazón de la misión es Jesús y es a Él a quien vamos a predicar y testimoniar con nuestra palabra y con nuestra vida”, expresó el sacerdote Rafael Jácome, Legionario de Cristo, en la misa de envío de las Mega Misiones.
Durante la ceremonia también exhortó a tener una actitud humilde y sencillez, y entender que solo son instrumentos para llevar la Palabra de Dios a los demás.
La misa de envío de las megamisiones se realizó ayer sábado por la mañana en la parroquia de Cristo Resucitado con un lleno total, ante la presencia de más 600 personas entre adolescentes, jóvenes y familias completas, que después de la ceremonia eucarística partieron a las misiones de Semana Santa.
El sacerdote felicitó a todos los misioneros por la decisión de ir a predicar el Evangelio, en lugar de irse de vacaciones, y pidió a Dios y la Virgen María les diera la fortaleza para realizar bien su labor y no decaer al final de la Semana, cuando ya comienzan a extrañar estar con sus familias.
Durante la homilía, el padre Rafael Jácome les recordó las palabras del papa Francisco, quien realizó tres cuestionamientos a los misioneros: ¿cuál es el fundamento de la misión?, ¿cuál es el corazón de la misión? y ¿cuáles son las actitudes vitales que debe tener cada uno de los misioneros que estaban siendo enviados?
Expresó, con respecto a la primera pregunta, que el fundamento de la misión es llevar el testimonio y la alegría del Evangelio, dar a conocer que Jesús es la verdad, el camino y la vida.
En cuanto al corazón de la misión indicó que no puede ser otro que una persona viva que se da de corazón a corazón, y esa persona es únicamente Jesús.
“Es una persona que continuamente se ofrece e invita a los que lo reciben con fe y humildad a compartir su vida, mediante la participación efectiva en su misterio pascual, pasión muerte y resurrección”, destacó.
“Eso vamos a celebrar y redimir, profundizar ese misterio de amor, esa pasión y muerte de Jesús, y que de alguna manera lo hemos vivido sacramentalmente, porque por nuestro bautismo hemos muerto y Dios nos ha dado una vida distinta y nueva; y en la confirmación el Señor no da un sello para tener el valor de ir a testimoniar su Palabra”, recalcó el sacerdote.
Resaltó que hoy día se necesitan agallas para dar testimonio del Evangelio y no tener miedo ni a la presión social, ni al qué dirán, o a la dificultad de ir contracorriente en este mundo.
La Eucaristía, dijo, es el alimento del hombre nuevo; es la medicina de inmortalidad y es la que vamos a adorar el Jueves Santo agradeciendo a Jesús por su presencia entre los hombres.
Enfatizó que el corazón de la misión es Jesús y es a Él a quien van a predicar y testimoniar con su palabra y vida.
Al hablar de las actitudes que deben tener los misioneros dijo que tienen que ver con llevar una luz de esperanza, que Dios los sigue amando y está con ellos para dar palabra de aliento.
Apuntó que es importante saber que son meros instrumentos de Dios, pues el que realmente hace la misión es el Espíritu Santo, y Dios se vale da cada uno de ellos, porque la religión católica es de mediación, es decir el Señor siempre busca a personas generosas para llevar su palabra y mensaje; y “somos esas personas, por eso debemos cultivar una actitud de humildad, sencillez de saber que somos instrumentos del Espíritu Santo”.
El sacerdote celebró ayer su cumpleaños, por lo que también agradeció por un año más vida.
Después de la homilía impuso las cruces misioneras representantes de los grupos que salieron de misiones.
Este año se celebran 25 años del apostolado Juventud y Familia Misionera.
Participan en esta Semana Santa: 305 jóvenes, de los cuales 165 son mujeres y 140 hombres; 90 adolescentes varones y 80 adolescentes mujeres, y 22 familias.
Los jóvenes son de la Anáhuac Mayab, Marista y Uady; Unid y colegios Cumbre-Godwin de Mérida, Cancún y Campeche. Estarán en Tzucacab, Izamal, Chikindzonot, Tinum, Peto, Colonia Yucatán y Valladolid, entre otras comunidades.— Iris Margarita Ceballos Alvarado
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