La vejez, las enfermedades crónico-degenerativas y las secuelas de accidentes pueden reducir considerablemente la calidad de vida de nuestras mascotas. Cuando el diagnóstico del médico veterinario encuentra que las condiciones del animalito lo están haciendo sufrir o su muerte está cercana hay que considerar la posibilidad de ponerlo a dormir.
La decisión de aplicar la eutanasia a un perrito se debe tomar “en el momento que deja de haber calidad de vida: está postrado, deja de comer, de tomar agua; baja de peso”, dice el médico veterinario zootecnista Francisco José Morales Puerto, director de la Veterinaria Huellas.
La afectación, explica, puede ser consecuencia de un padecimiento grave que le produzca dolor —la molestia se manifiesta con llanto, quejidos o rechazo a alimentos y agua— o del desgaste asociado a la edad que conduce a la pérdida de la vista, la audición y el control de esfínteres, y a choques constantes con objetos de la casa.
“Hay que tener un adecuado diagnóstico y estar seguros que, por más que se le aplique un tratamiento, el desenlace está próximo”, añade.
Sin causarle dolor
El médico veterinario comienza el procedimiento administrando un tranquilizante. El perrito “va a sentir un piquetito, como si se le estuviera aplicando una vacuna”. Cuando el tranquilizante hace efecto se añade una sobredosis de anestesia, que le detiene el corazón.
Así es “como debe ser la eutanasia: sin estresar al animalito, sin causarle dolor”, subraya.
El procedimiento dura unos 15 minutos. “Hay que estar monitoreando la frecuencia cardíaca y respiratoria. Cuando se dejan de escuchar estas constantes se le comunica el propietario”.
El médico veterinario Morales Puerto sugiere que los dueños estén presentes al aplicarse la inyección para que “la mascota esté tranquila viendo a su propietario”, pues “tiene la capacidad de percibir lo que viene”.
Hay quien pide un momento a solas con el perrito para despedirse y el veterinario debe “respetar los tiempos del propietario; tomar la decisión no es nada fácil”.
El precio de la inyección varía de acuerdo con el peso y las condiciones de la mascota, y ronda los 600 pesos.
A continuación se puede solicitar el servicio de un crematorio de mascotas, que recoge el cuerpo, lo incinera y coloca las cenizas en una urna, que el dueño recibe junto con un certificado.
Algunas personas optan por inhumar ellas mismas al animalito y otras más, por pedir a las autoridades municipales el retiro del cuerpo, que debe colocarse en una bolsa de plástico.
“Como es una decisión bastante difícil, siempre recomiendo que se exponga el tema ante todos los integrantes de la familia”, señala el médico veterinario Morales Puerto. “Es importante que todos estén de acuerdo”.
