Yoalli Souza en el papel de Giselle

La CND inicia nueva etapa con el pie izquierdo

CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— La Compañía Nacional de Danza (CND) inició la noche del jueves pasado, como dijeron sus codirectores Elisa Carrillo y Cuauhtémoc Nájera, una nueva etapa con el estreno en México del clásico del romanticismo “Giselle” en versión del británico Anton Dolin, sobre la original de Coralli y Perrot.

El resultado: un ballet protagonizado por bailarines sin fuerza interpretativa, salvo algunas excepciones.

En la noche de estreno, como ocurre siempre, estaba la gran mayoría de los maestros de la compañía, uno de sus directores artísticos (Nájera) y los repositores Mikhail Kaniskin, quien además es asesor artístico y promotor internacional de la CND; Valentina Savina y Stanislav Feco. Todos aplaudían y celebraban al elenco.

Kaniskin, pareja sentimental de Elisa Carrillo, gritaba bravos y se sacudía en su asiento. El entusiasmo era más enérgico en su butaca que en el escenario.

El ballet que forma parte del repertorio universal y se presenta en todos los teatros del mundo plantea una historia de amor, de tragedia, muerte y locura. Es “Giselle” una de las obras más representativas del Romanticismo y es un personaje que ha encumbrado a las más famosos bailarinas de la historia.

En esta producción la primera solista Yoalli Souza le da vida a la joven campesina enamorada de Albrecht, un conde disfrazado de aldeano e interpretado por el primer bailarín Erick Rodríguez. Antón Joroshmanov encarna a Hilarión, el cazador enamorado de la joven y quien desata el conflicto.

En el primer acto la vulnerable Giselle participa en un baile, la proclaman reina del Festival del Vino y se entera de la existencia de las Willis, espíritus de novias que murieron de desamor; Hilarión desenmascara a Albrecht, la joven descubre a la prometida de su amado, enloquece y fallece. Una tragedia que no llega a la escena.

Una pareja de enamorados que no transmite amor, personajes secundarios como la madre de Giselle que son prácticamente decorativos, y un Hilarión al que no le basta su ímpetu escénico para reventar el conflicto. Ante el hielo, Kaniskin no dejaba de arrojar bravos eufóricos y el público respondía tibio.

El segundo acto sucede en el bosque donde habita lo sobrenatural, las Willis, etéreas, almas perdidas en la noche, son convocadas por la reina Myrtha para recibir a Giselle. Son espíritus poderosos que llevan a la muerte a los hombres, cuya primera víctima es Hilarión. La joven convertida en una Willi, en un acto de amor, salva a Albrecht de la muerte y bailan juntos hasta el amanecer. Una vez más, la historia estaba en el escenario con tonos grises, sin emoción, sin drama.

La CND llegó a esta “nueva etapa” tras casi un año sin director artístico y un presupuesto que, según David Bear, director ejecutivo, sigue “en revisión” pero que supone sería de 17 millones de pesos, el mismo que se ejerció el año pasado; con los contratos de sus codirectores también “en revisión”, con una temporada de dos programas: el de “Giselle” y otro de obras contemporáneas.

Llega también con una agrupación que, según sus directores artísticos, aún no está en el nivel al que aspiran. Kaniskin ha pedido tiempo para fortalecer a una compañía “lastimada” y con “cicatrices”, ha dicho también que solo han transcurrido dos meses de esta “nueva etapa” pero que hay voluntad y hay un equipo que permitirá la evolución deseada. Y llega a una noche de estreno sin la presencia de su codirectora Elisa Carrillo, pero con un asesor artístico eufórico. Sí, parece que hay voluntad, ¿habrá también autocrítica?

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