Foto: Megamedia

A mi padre, mi maestro, mi compañero de vida

Beatriz Castilla Ramos (*)

Tuve el privilegio de convivir, acompañada de mi padre, la solemne misa dominical con unas criaturas angelicales. El matiz de la tonalidad de sus voces nos transportaron al plano celestial. La celebración nutrida del entonces arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán se tornó mágica con la cadencia del fervor y la caricia de las voces de los menores que nos atraparon al instante.

Advertí que llevaban el distintivo de “Escolanía” que los identificaban como “coro de niños de capilla”.

Mi asombro me condujo a acercarme a su directora María de Jesús Pech, quien me dice envuelta en su sencillez: “La semilla surge del deseo del Cabildo Metropolitano de la S.I. Catedral de San Ildefonso de contar con un coro de niños que entonara el repertorio del tesoro sacro musical de nuestra Iglesia: cantos gregorianos y polifonías”.

Porque Dios se hace presente en la vida de los niños a través del sonido. Él es sumamente tierno y delicado y se entrega con una sutil belleza que los niños gozan cantar en latín obras gregorianas y la polifonía sacra.

María de Jesús se formó en el Conservatorio de las Rosas de Morelia y aprendió latín, liturgia y canto gregoriano. Confiesa: “Por momentos me preguntaba para qué me servirían si no son de interés…”. Posteriormente es acogida por el colegio de las hermanas cistercienses en Landsdhut, Alemania, para alimentarse de los cantos gregorianos.

Con emoción nos remonta al primer concierto de música gregoriana en el hermoso altar de la Catedral, en el otoño de 1999, que congregó a más de 60 niños procedentes de otras regiones que se sumaron a la gran fiesta.

La ardua formación de los niños en la lectura de notas, repetidas audiciones, solfeo; solo es posible por su disciplina y creatividad. Y exclama: “¡Gracias, Señor, Él es quien actúa y se hace presente en el sonido dulce que enamora nuestros corazones!”.

Los niños son el bastión de María de Jesús, de ahí que germine la escuela de formación musical “Coral Bari” desde hace seis años, que integra a niños y jóvenes desde temprana edad.

Exclama: “¡Los niños crean un vínculo entre su sensibilidad estética y Dios, el músico supremo. Reconocen su propio ritmo, su voz y que el talento es una ofrenda de Él, por lo que se regocijan alabándolo!”.

“Coral Bari” se sustenta en educar a niños en valores y conducirlos a conocer la belleza, reflejo de la presencia de Dios a través del arte.

Como educadora remarca: “Tengo grandes satisfacciones de palpar cómo la música moldea la vida de los niños y adolescentes, transformados en maestros de sus propios coros de niños en sus parroquias”. ¡Nos colma de gozo! por ser el fruto que ellos recrean y contagian a otros niños que le cantarán a Jesús, quien será el guardián que los acompañe en sus senderos de la vida.

Por ello, en sinfonía con el coro de ángeles y su mentora María de Jesús, reiteramos: el mundo tiene mucho ruido y no permite que escuchemos nuestro ser interior. La música ofrece la belleza, el perfume y el color de su alma. Es el medio principal para despertar el alma y la esencia espiritual de los seres humanos.

Preservemos nuestro corazón inocente y que todos los días celebremos el Día del Niño.

Doctora en Sociología, antropóloga e investigadora de UCS-CIR-Uady. bcastillaramos@yahoo.com

 

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