Rasta Thomas, en busca de su sazón como coreógrafo
Rasta Thomas sabe cocinar solamente coreografías. Y aun en esto se considera un chef en ciernes.
“A veces me siento como si fuera un bufé: hago un poquito de esto, un poquito de lo otro… Todavía no tengo una cocina propia, un sabor propio, lo estoy descubriendo”, admite.
Hoy, en el Teatro Peón Contreras, Mérida probará la sazón de dos nuevas recetas del bailarín, creadas en especial para La Noche Blanca: un dueto y una obra grupal.
El paso a dos, “Red Thread (Hilo rojo)”, lo interpretará él mismo con Rosa Elena Farah Camacho, maestra del Centro de Estudios de Ballet Clásico (Cebac), escuela de la que el artista es invitado.
La pieza trata de “almas gemelas, de la fuerza gravitatoria entre dos individuos y cómo, sin importar lo que se haga en la vida, hay un destino que nos sigue impulsando como un magneto a alguien más”, señala Rasta al Diario. “Quería hacer algo hermoso, íntimo, apasionado. Creo que los mexicanos son apasionados…”.
La pieza grupal, a cargo de una docena de alumnas de ballet, “es muy rítmica, muy animada, debe sentirse muy feliz, poderosa, divertida; es una celebración del ritmo y la energía”.
“Aún trato de encontrar mi voz, lo que exactamente quiero decir”
como coreógrafo, reconoce Rasta, quien ahora pone el énfasis de su carrera en la enseñanza.
“Tengo muchas influencias, muchos coreógrafos increíbles me inspiran. Aun trato de procesar cómo quiero decir las cosas. Pero sí puedo decir que disfruto mucho la coreografía, el desafío de crear algo de la nada. Espero merecer que más públicos vean lo que hago en los años por venir”.
“Quiero creer que éste es el siguiente capítulo de mi camino en la danza… y aprender a cocinar. Toda mi vida he comido en restaurantes y hoteles, así que esperemos que pueda aprender a cocinar”.
La entrada a la función, en la que las estudiantes de ballet presentarán también un fragmento de “El Corsario” y una pieza neoclásica, será gratuita con pases que se entregarán a partir de las 8 en el teatro sede.
Al invitado le parece “¡maravilloso!” que el acceso sea libre. “Pienso que el acceso al arte para conseguir apoyo y educar debe ser gratuito. No creo que todo el arte deba serlo, porque los artistas tienen que sobrevivir; pero si no hay una base de seguidores, una audiencia, es muy difícil ser valorado”.
“Así que si lo hace el gobierno, los patrocinadores o cualquier benefactor que quiera compartir la cultura con el público es algo maravilloso. Se tiene que empezar por algún lado y creo que ésta es la manera de comenzar”, indica.
Rasta Thomas viajó al Sureste por primera vez en 2018, cuando fue invitado a impartir un taller en Campeche. Meses después regresó para ofrecer clases maestras en escuelas de Mérida. Esa “maravillosa experiencia” lo motivó a aceptar la propuesta de colaborar en La Noche Blanca.
“Es un honor, me alegro de haber aceptado”, dice. “Trato de retar a las estudiantes a que encuentren una forma diferente de moverse, es maravilloso verlas crecer, sus caras de confusión, porque eso significa que es un buen desafío para ellas”.
“Estoy feliz de compartir con la nueva generación lo que a mí me ha tomado mucho tiempo aprender. En este punto de mi vida estoy dedicado a transferir la información que me dieron; éste es mi camino”.
En México el artista ha presentado en diferentes años “Réquiem” y “Carmina Burana” con la Compañía de Danza Contemporánea de Cuba. Y en La Habana ha formado parte del elenco del Festival Internacional de Ballet. Esos antecedentes le permiten decir que Hispanoamérica “tiene un estándar de danza muy alto”.
“En Cuba está muy arraigada la danza. Cuando estuve en el Festival de Ballet pasado, afuera del teatro se proyectaba el espectáculo del interior para el público en forma gratuita. Si tenías dinero para comprar el boleto podías entrar y verlo en vivo; si no, podías verlo gratuito. Eso no existe en muchos países: la accesibilidad, la generosidad con las artes”.
“Algo que he escuchado es que una compañía de danza profesional en México siempre está luchando por sobrevivir, no es una profesión legítima aún. Hay un largo camino por andar en México y otros muchos lugares. Sin embargo, es bueno si hay más funciones gratuitas, más conciencia, más redes sociales, más difusión del mensaje de que los niños y las niñas pueden bailar, de que es una profesión honorable”.
Los “fuegos de artificio”, la gimnasia en las coreografías que le dieron popularidad aún son motivo de su interés. “No creo que reste arte, es adicional a él”, opina. “Antes era una discusión en blanco y negro: ¿eres gimnasta o eres artista? Ahora eres un artista que puede hacer gimnasia o un gimnasta que puede ser artista”.
“Los coreógrafos quieren retar a los bailarines tanto como puedan. El público quiere ver el siguiente nivel de danza y éste es desafiar al cuerpo a hacer más”.
“Si naciste para ser un artista siempre serás un artista. Lo que el cuerpo puede hacer ahora es muy diferente de lo que podía hace cien años, el entrenamiento es diferente, la técnica es diferente, más rotación, más pies. Pavlova, Nijinski no tenían piernas hiperextendidas, tenían pasión”.
Pero matiza: “Debo decir que algunas veces los bailarines jóvenes se olvidan de ser artistas y se enfocan demasiado en los trucos. Esto tampoco es lo ideal”.— Valentina Boeta Madera
De un vistazo
Función
Comenzará a las 9:30 de la noche en el Peón Contreras.
Entrada
El acceso será gratuito con pases que se repartirán a partir de las 8 en el teatro sede. Los asientos vacíos a la hora de inicio de la presentación podrán ser ocupados por personas sin boleto que se encuentren esperando en fila.
