Presbítero Manuel Ceballos García

¿Eres tú, o hemos de esperar a otro?

También este domingo, como el anterior, está marcado por la figura de Juan el Bautista; pero ya, junto a él, aparece Cristo, el Salvador. Jesús respondió a la pregunta de Juan el Bautista mostrando con sus obras que en él se inauguran ciertamente los tiempos mesiánicos; en sus milagros pueden verse las señales anunciadas por el profeta Isaías. Además, Jesús anuncia a los pobres la Buena Noticia de la Salvación, y ésta es otra señal mesiánica aún más decisiva. Por eso es dichoso el que no se sienta defraudado por él. Dichoso será san Juan si, a pesar de ser sorprendido por la conducta de Jesús, humilde y manso de corazón, acepta la persona y el mensaje del que había de venir y que ya está presente. El Señor que viene es siempre diferente a lo que nos imaginamos; a pesar de todas las profecías, la venida del Señor es sorprendente, es nueva.

Jesús hace un gran elogio de la persona y de la obra de san Juan. Su precursor no es una caña azotada por el viento. Es un hombre recto que no se doblega ante los poderosos y que no lleva la vida fácil de los palaciegos. San Juan el Bautista es un profeta, y más que un profeta: él es el heraldo que precede al Señor y anuncia su venida. Juan es el mayor hombre nacido de mujer. Pero san Juan pertenece al Antiguo Testamento; por eso cuanto sucede a partir de Cristo es incomparablemente superior a todo lo anterior…

Hoy, además, la palabra de Dios nos invita a la alegría de vivir ya que el profeta Isaías afirma que “huirán la tristeza y el llanto”. La vida, como escribió san Agustín, sin la esperanza y la alegría es como la superficie de un lago en un día nebuloso, superficie metálica y gris. La vida con la esperanza sigue siendo materialmente la misma, pero es transfigurada: la superficie del lago es la misma, pero se vuelve un espejo de colores si el sol brilla en el cielo.

La transformación de todo el ser humano es puesta en el centro de la respuesta autobiográfica que Jesús ofrece a los discípulos de Juan el Bautista. Con la presencia del Señor muchos enfermos han sido curados por sus milagros, pero sobre todo muchos ciegos en el espíritu, muchos lisiados en la inercia, muchos muertos e la esperanza han sido liberados y salvados. Con todos ellos Cristo formará la nueva comunidad a la que anuncia la alegre noticia del Reino y del amor de Dios.

Finalmente, hay que señalar que, mientras Juan el Bautista le pregunta a Jesús acerca del futuro, Jesús le responde sobre el presente; el Bautista pregunta sobre Él y Jesús le responde sobre las acciones que hacen vivenciar el Reino: los ciegos ven, los cojos andan…, una serie de tres necesidades (enfermedades, muerte y pobreza), que afectan a las personas más desprotegidas. Lo que Juan el Bautista sólo había oído, los discípulos lo oyen y lo ven, lo cual les convierte en testigos de la acción salvadora del Señor.

 

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