Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
La Virgen Morena dejó plasmada su imagen en la tilma de San Juan Diego. Esta imagen ayudó a que los mexicas de entonces dieran un sentido cristiano a sus vidas a través de la predicación del Evangelio.
Algo importante del hecho Guadalupano, en mi opinión, son dos testimonios que nos da la “siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive” dirigidos a nosotros los católicos del siglo XXI.
Por cierto, el papel de La Virgen María en nuestra historia de salvación, puedes conocerlo, de primera mano, a través de la Biblia y de la ya milenaria Tradición cristiana. Primer testimonio.
María responde con generosidad plena a su vocación cristiana. Entrega todo a Dios. Su cuerpo, inteligencia, su corazón. Su hoy, su mañana, su siempre. Cree y espera sin límites en el Verbo Encarnado.
Segundo testimonio.
María de Guadalupe, la Misionera, ha llegado a todos los ámbitos y espacios de la vida humana. Está en las casas, en los barrios, en las calles, en lugares de estudio y trabajo, en el trasporte público y privado hasta en las cárceles está presente.
Ella cumple su misión. Tal vez somos tú y yo, avisado aprendiz que no hemos logrado cumplir con la nuestra: predicar el Evangelio a nuestros contemporáneos para que el único y verdadero Dios por quien se vive, entre a sus vidas y los transforme en mensajeros de Dios, a ejemplo de María de Guadalupe.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06@delosabuelos
Antonio Alonzo
