Estando en Japón el año pasado, que tuve la dicha de correr el maratón de la ciudad de Tokio, por el jet lag me tocó entrenar en el hotel en horarios complicados.
Cuando llegaba a las caminadoras en el gym del hotel, me tocaba ver a una señora de edad adulta dando limpieza a las máquinas.
Fue tanta su manera de hacerlo, con excelencia, que me daba hasta miedo que mi sudor, que estaba al lado de la que limpiaba, pudiera manchar el trabajo que ella hacía.
Lo hacía con un nivel de detalle como si esa caminadora fuera a entrar a un concurso, a una auditoría… o como si la quisieran vender después de ese servicio como nueva. Usaba cepillos de diferentes tamaños para cada espacio y cuidaba cada detalle de su trabajo.
Al día siguiente regresé a la misma hora, de madrugada, y la vi haciendo exactamente lo mismo.
Y en el resto del viaje entendí que no era solo ella… era un tema cultural: honrar lo que uno hace y hacerlo con valor.
Esto me llevó a reflexionar en algo muy simple: el valor que le damos a lo que hacemos… y ahí es donde me confronta mi propia cultura. ¿Desde dónde lo hacemos? ¿Desde la excelencia… o desde el “cumplir”?
Porque esa diferencia, en el día a día, termina marcando personas, empresas, espacios… incluso países.
Y ahí es donde conecto con una expresión muy común en nuestra cultura: “Así quedó”. Una frase que usamos mucho. A veces por no querer hacer más. A veces por falta de recursos.
A veces simplemente como aceptación de la realidad. Y no necesariamente es buena… ni mala.
Puede venir desde la humildad de aceptar lo que es. O desde el conformismo de dejar las cosas a medias.
Y lo que hoy quiero observar es esto: ¿cuántas veces al día decimos “así quedó”… y desde dónde lo estamos diciendo?
Hace poco vi un video donde celebraban la “creatividad del mexicano” para hacer mal las cosas.
Al principio sentí enojo.
Porque ese “así quedó” parecía una forma de abrazar la mediocridad.
Pero después el mismo video mostraba soluciones simples a problemas reales.
Y entonces entendí algo distinto. A veces, decir “así quedó” también puede venir desde la humildad… desde haber hecho lo mejor posible con lo que se tenía.
Desde haber usado todos los recursos.
Desde poder ver con orgullo un trabajo terminado.
Mi nombre es Alejandro Granja Peniche, y mi intención es compartirte mi proceso. Y hoy me dejo esto: cuando sea desde la mediocridad, hay que trabajarlo… pero cuando venga desde haber dado todo, también poder decir con paz: así quedó.

