Los buzos artesanales que viven de sus inmersiones en la costa yucateca prácticamente se están matando, al menos se causan lesiones, muchas de las cuales verán y se les presentarán en algunos años, sobre todo por el equipo rústico que usan, con descompresores que no solo les envían oxígeno, también otras sustancias que se desprenden de la gasolina para que respiren bajo el mar.
Así lo advierte el doctor Gerardo Baltazar García Hernández, jefe de la Unidad de la Cámara Hiperbárica del Hospital O’Horán.
“El riesgo que corren es mayor para quienes utilizan equipos de buceo inadecuados, como los compresores de gasolina, que pueden provocar intoxicación por monóxido de carbono. En nuestra unidad hemos atendido a buzos que llegan con descompresión y, además, intoxicación”, señala.
Como informamos, ya hay casos de hombres de mar que han perdido la vida en las costas de Yucatán por descompresión.
El caso más reciente de deceso fue un pescador de 47 años en el puerto de abrigo de Celestún. Aparentemente, la causa del fallecimiento fue un cuadro de descompresión tras realizar labores de buceo mar adentro.
Ante esas muertes, se buscó al especialista de la unidad citada, donde se cuenta con equipos especializados para atender a las personas que sufren descompresión por bucear, entre otros padecimientos.
El galeno hace un llamado urgente a los buzos y pescadores de la región, con el fin de que prevalezca entre ellos la cultura de la prevención, que presten atención a los síntomas de la enfermedad por descompresión, aunque asegura es una condición muy compleja que puede variar desde dolores musculares leves hasta lesiones cardíacas mortales.

“Los síntomas abarcan un espectro amplio, desde un simple dolor articular hasta situaciones invalidantes que afectan la movilidad en las extremidades y pueden incluso resultar en daños cardíacos”, indica García Hernández al resaltar que no hay un solo síntoma que indique la enfermedad, lo que hace más difícil identificarla.
En entrevista concedida al Diario delante de la Cámara Hiperbárica a su cargo, el médico enfatiza la importancia de un interrogatorio clínico adecuado por parte de un médico.
“Una persona que termina de nadar con dolor muscular no necesariamente tiene una enfermedad por descompresión, pero si una persona que ha buceado presenta dolores que no tenía antes debe ser evaluada”, asevera.
García Hernández destaca que el tiempo es un factor crítico en el tratamiento de esta enfermedad.
“Cuanto más rápido se atienda a la persona mejor será el pronóstico. Si una persona bucea y presenta síntomas es fundamental que busque atención médica de inmediato”, subraya.
Lesiones en buzos artesanales
El doctor menciona que las lesiones pueden ser irreversibles si no se tratan a tiempo, lo que podría llevar a complicaciones serias como necrosis vascular.
“Cuando vean que sus pulmones están dañados ya puede ser tarde, lamentablemente esto no lo ven a veces en forma inmediata, tiene que pasar algunos años para que las personas desarrollen un pulmón negro, como se dice, el depósito de todo, de todos los aceites”, comenta.
También explica que inclusive se pueden provocar lesiones pulmonares, neumonitis, fibrosis pulmonar y enfisema y, en el peor de los escenarios, los hombres de mar pueden desarrollar todos estos males.
“Por eso llamamos a nuestros buzos para que tengan cuidado, que le tengan respeto al mar, que tomen sus medidas de precaución siempre y no se sientan valientes. Si te descompresionaste una vez, no te tiene por qué pasar dos veces, hay que cuidarse. ¿Por qué? Porque de ellos depende muchas veces el sustento de una familia”, remarca.
Al lamentarse por el hecho de que estos problemas de salud en los buzos son más frecuentes de lo que se desearía, el especialista hace notar que es riesgoso como cualquier actividad de buceo, independientemente del equipo que use, pero utilizar esos tipos de dispositivos rústicos con los que trabajan los hombres del mar lo hace mucho más peligroso.
“El riesgo en nuestros buzos artesanales, que son los que se ganan la vida en las profundidades del mar, es demasiado porque respiran aire a través de un compresor, ahí lo tienen que echar a andar con gasolina, que es un combustible fósil y produce monóxido de carbón, que también contamina el oxígeno que mandan por una manguera a los buzos”, informa.
Con esos equipos rústicos, refiere, aparte de respirar el nitrógeno del ambiente y oxígeno, obviamente, o por lógica bióxido de carbono, esto se les va a las vías respiratorias, a los pulmones. En el mejor de los casos puede ser nada más monóxido; sin embargo, a veces los compresores también transfieren aceite.
“Entonces los buzos muchas veces nos platican que a los filtros que le ponen hechos de algodón y toallas les sale manchas de negro y sale como un ‘aceitín’. Eso están respirando, también se filtra en la manguera por la que respiran. Eso se va también a su manguera”, recuerda.
Buzos intoxicados
“Nos han llegado pacientes fumosos que no nada más traen una enfermedad por descompresión, también una intoxicación por monóxido de carbono”,indica.
“Traen de los dos, y es más frecuente de lo que nos gustaría, la frecuencia exacta no se la puedo dar porque no la tengo a la mano, pero sí puedo decir que en cerca de dos a tres de cada 10 buzos vemos este problema. Llegan descompresionados y aparte intoxicados por monóxido de carbono”.Pero lo peor —continúa—, “es que hay quienes ni siquiera vienen con nosotros y prevalece la idea de que hay formas de tratarse sin tener que acudir a una cámara hiperbárica. Algunos consumen alcohol, otros drogas, y en el mejor de los casos he visto que consumen analgésicos, así se autoatienden, es una práctica lamentable, no recomendable”.
El entrevistado revela que también es muy frecuente que traten de ocultarlo.
“Nos llegan y nos dicen, ‘¿Sabe qué? Me sentí mal, empecé con las molestias, con síntomas dependiendo del tipo por descompresión. Al principio se me quitó porque me tomé mi caguama y una aspirina. No se curó y después, como vi que no se me quitaba, entonces consumí otras cosas y ya después vine a la cámara’”.
En su opinión, esos hombres de mar deberían considerar que no siempre lo mejor es arriesgarse tanto, a veces exageran o piensan que por ganar unos pocos pesos más puedes dejar en el desamparo a una mujer, a unos niños, creo que es mejor trabajar con la cabeza que con el corazón, yo les recomendaría que visiten y se atiendan en cámaras donde haya personal calificado.

A quienes son buzos les recomienda que periódicamente reciban atención mediante una cámara. O por lo menos se traten, pero tengan en cuenta que por fuera se venden muchas cosas, muchos cuentos chinos. Les dicen:“Voy a vender unas sesiones de desintoxicación’, y aunque respondan que ya tiene como tres meses que no bucean, les insisten con el cuento de que siempre vas a bucear y te vamos a desintoxicar primero”.
“Les venden sesiones que no le sirven, muchas de esas son cámaras de plástico, hay algunas cámaras de este tipo allá afuera, pero no hay personal capacitado y ético. Ese es el principal problema. Muchos buzos nos han llegado aquí porque han ido a otras cámaras y un mal tratamiento les puede costar la vida”.
“Hemos tenido muchos pacientes con secuelas invalidantes, parapléjicos, por ejemplo, que ahora ya para la familia es difícil, las secuelas son frecuentes, las posteriores al accidente no son tan frecuentes con una adecuada descompresión”, agrega.
“Cuando es un mal tratamiento que se da por una descompresión puede haber secuelas, que van desde un simple dolor que no se les quitó y nada más desperdiciaron su dinero, hasta la muerte, pasando por problemas de trastornos mentales y otros, falta de movilidad”, manifiesta.
Por experiencia, dice, ha visto pacientes que pierden la funcionalidad de sus extremidades inferiores porque no les dieron un buen tratamiento. Esto le parece algo triste, ya que es una persona que lamentablemente se vuelve improductiva por completo, en el afán de conseguir el pan y la sal, al final sale perdiendo, y también su familia.

