Herminio José Piña Valladares (*)
Celebramos el 6 de enero una festividad muy importante: la Epifanía, que es la manifestación de Dios al mundo y a todos los hombres y mujeres. Recordemos este acontecimiento que nos narra el evangelista San Mateo: “Los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima donde estaba el niño. (Mt 2, 1-12).
El papa Francisco, en su carta apostólica Admirable signum, nos menciona: Observando la estrella aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús, el incienso su divinidad, y la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.
Los Magos nos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén. Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente, no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, rebajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del evangelio entre las gentes.
Reflexionando este pasaje bíblico, los reyes de oriente se postran y adoran a Jesús y le ofrecen regalos. ¿Nosotros qué le podemos regalar al recién nacido? Pensemos: Jesucristo no desea algo costoso, ni algo de última moda. Le podemos obsequiar: Nuestro trabajo, nuestras actividades como profesionista, estudiante, obrero, ama de casa, empleado, empresario, agricultor.
También Jesús recibe nuestras preocupaciones, nuestros problemas, necesidades, alegrías y tristezas. Le podemos encomendar a nuestra familia, nuestros padres, hijos, esposa(o), abuelitos, amigos y les aseguro que lo recibirá con mucho amor. Recordemos que la Epifanía es la manifestación de Dios al mundo y debemos transmitirlo, compartirlo a todas las personas en los ambientes en donde nos encontremos.
Abogado y asesor jurídico. hjpvdirector@hotmail.com Herminio José Piña Valladares
