Editorial

Pastoral de la Salud

En el Evangelio podemos leer que Jesús se encontraba en Cafarnaún y congregó a la multitud a su alrededor. A través de un agujero en el techo le presentaron a un hombre impedido en una camilla. Todos esperaban que Jesús lo sanase, pero éste despachó a todos diciendo “Hijo, tus pecados te son perdonados” y, después, le ordena que se levante, tome la camilla y vuelva a casa.

Rspecto a este pasaje, de acuerdo con la misma fuente, el papa Francisco indicó recientemente en una homilía, que con sus palabras Jesús nos permite ir a lo esencial. “Es un hombre de Dios”, que sanó, enseñaba, pero era más que un maestro y frente a la escena que se le presenta va a lo esencial, se dirige al paralítico y le dice: “Tus pecados están perdonados”.

Para el Papa, la curación física es un regalo, pues la salud física es un regalo que debemos cuidar, pero el Señor nos enseña que también es importante proteger la salud del corazón, la salud espiritual.

Y subrayó que “lo esencial es tu relación con Dios”, algo que “olvidamos, muchas veces, como si tuviéramos miedo de ir allí donde está el encuentro con el Señor, con Dios”.

La salud del corazón

A continuación, el Santo Padre volvió a hablar sobre la preocupación por la salud física, algo que siempre es bueno, “¿pero pensamos en la salud del corazón?”. En esta línea, expuso que existe una frase que quizás nos ayude: “Hijo, tus pecados están perdonados”.

“¿Estamos acostumbrados a pensar en esta medicina de perdonar nuestros pecados, nuestros errores? Nos preguntamos: ‘¿Tengo que pedirle perdón a Dios por algo?’ Sí, sí, sí, en general, todos somos pecadores, y así se diluye y pierde fuerza, este poder de profecía que tiene Jesús cuando va a lo esencial. Y hoy Jesús nos dice a cada uno de nosotros: ‘Quiero perdonar tus pecados”’, apuntó el Papa.

Aludió también al hecho que quizás algunos no encuentren pecados en ellos mismos para confesar porque “hay una falta de conciencia de los pecados”, de los “pecados concretos”, de las citadas “enfermedades del alma” que han de ser curadas con la medicina del perdón.

Esto, concluyó, “es algo sencillo que Jesús nos enseña cuando va a lo esencial. Lo esencial es la salud, toda: del cuerpo y del alma. Guardamos bien la del cuerpo, pero también la del alma. Y vamos al Doctor que puede curarnos, que puede perdonar nuestros pecados. Jesús vino para esto, dio su vida por esto”.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud

 

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