La violinista Angélica Olivo toca con un violín Andrea Guarnerius

Angélica Olivo describe cómo la cautivó el violín

“El violín es un instrumento que tiene mucha belleza, pero también hay que entregarle mucho, es como ese amor que se tiene que estar siempre alimentándolo, porque si no es muy ingrato…”, expresa la violinista Angélica Olivo al hablar del instrumento que la cautivó desde niña, y al que le profesa un amor que, como ella dice, alimenta todos los días.

La destacada violinista es la solista invitada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán para los conciertos que se ofrecerán hoy a las 21 horas y el domingo a las 12 horas, en el teatro José Peón Contreras.

Angélica Olivo, originaria de Venezuela, actualmente es concertino de la Orquesta Filarmónica de Jalisco y su calidad como intérprete podrá ser escuchada cuando interprete con la OSY el Concierto para violín de Beethoven, quien es uno de sus autores favoritos.

Comparte que ha estudiado ese Concierto durante 15 años, como parte de su formación y el repertorio violinístico que todos los instrumentistas deben tener, pero es la primera vez que lo tocará ante el público.

Considera que es una obra conmovedora, que llega al corazón, y en la que la orquesta juega un papel importante. Es uno de los conciertos más grandes escritos para violín, por lo que para ella es una gran emoción poder interpretarlo.

Es una obra que el público disfrutará mucho, y que también como instrumentista disfruta tocar, sólo que la sensación es de otra manera, pues a la par de pensar y cuidar los aspectos técnicos de la pieza, hay que ponerle la emoción que va pidiendo.

Apunta que es lo que hace al público ir a escuchar un concierto en vivo, el poder sentir lo que el instrumentista transmite por medio de la obra que interpreta.

Angélica Olivo toca el violín desde los 10 años, cuando ingresó al sistema de orquestas de Venezuela, y desde entonces no lo ha dejado.

Indica que el instrumento la cautivó desde un principio, pues es de gran belleza, pero es de esos instrumentos que no se pueden descuidar, ni dejar de practicar, pues el retomarlo no es lo mismo, por eso dice que hay que alimentar el amor a éste siempre, algo que considera pasa en general en la música, pero en particular con el violín, por el sonido, “es un instrumento complicado, no se puede dejar”.

El violín que se utiliza también es importante para el músico, y ha tenido la fortuna de encontrar el ideal para ella, un violín Andrea Guarnerius, de al menos tres siglos de antigüedad.

Detalla que el violín no tiene la etiqueta original del autor, pero lo que le importa es su sonido, que es lo que la atrapó de este violín que adquirió en Ecuador y con el que ya tiene cinco años.

Explica que un instrumento no siempre por ser antiguo genera un sonido mejor, pues hay instrumentos muy valorados y costosísimos que no suenan, “podrán tener calidad de sonido, pero no tienen mucho volumen, por ejemplo, o instrumentos que no aguantan una cierta presión o temperamento”.

Puntualiza que a ella le gusta apretar y tratar de sacar todos los armónicos posibles, y el violín que utiliza es muy afín a ella en este sentido, por eso se emocionó cuando lo encontró, “me entrega lo que le pido”.

La violinista apunta que está feliz de estar en México y se siente afortunada de ser parte de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, en la que se desempeña como concertino, y de poder ensayar todos los días y tocar en un teatro tan hermoso como el Degollado.

Ser concertino siendo tan joven, y mujer, es algo que algunos cuestionan a veces, pero no suele dar importancia a esas voces, pues están en ese sitio por su talento probado.

Para Angélica Olivo es una posición de liderazgo en la que tiene que ser afín con los líderes de las demás secciones para formar un equipo y lograr que la orquesta suene lo mejor posible bajo la batuta del director.— Iris Ceballos Alvarado

Programa 3

Angélica Olivo tocará el Concierto para violín de L.V. Beethoven el fin de semana.

Sobre el concierto

Afirma que es una obra para la que hay que tener cierta madurez como intérprete, y aunque la violinista aún es muy joven —tiene 27 años— sintió que era el momento de interpretarla cuando recibió la sugerencia del director de la OSY, Juan Carlos Lomónaco, para que la toque como solista.

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