José Carlos Palacios, sommelier
José Carlos Palacios, sommelier

Mañana es un día muy particular, celebramos el Día del Maestro, y como siempre hay que ser agradecido con los que te han inspirado a amar, y venerar la maravillosa profesión de enseñar.

A lo largo de la vida hay maestros que nos llevan de la mano desde niños hasta adultez. Además, ser un sommelier implica ser un contador de historias; las horas de enseñanza a los múltiples grupos en la universidad o en los salones de cata de vinos son maravillosos, donde hablamos de las bondades del vino, de por qué los vinos tienen que pasar por muchas manos antes de llegar a la mesa de cada uno de nosotros y de que es un producto que nace del corazón de la tierra y se aloja en el corazón del hombre.

Los maestros también agradecemos a todos aquellos trabajadores del vino, que son maestros de vida y en la enseñanza. Tuve el privilegio de aprender de los grandes monstruos sagrados del vino, podría nombrar a muchos de ellos.

Agradecimientos

En mi natal Argentina, comencé admirando a los grandes como Michel Rolland, Susana Balbo, y en la actualidad a MarÍa Laura Ortiz; de Italia admiro a Carlo Rossi, un gran conocedor de vinos del norte de ese país; de la Península Ibérica a Pedro Ballesteros, un Master of Wine de España; de la hermana república Oriental del Uruguay, a Charlie Arturaola, alguien que me enseñó a amar los vinos desde lo más simple de la vida, con su simpatía y desfachatez, hace que las catas de vino tengan otro sentido.

Los maestros que me dieron la formación y la enseñanza en México son Elliot Díaz, Marcos Flores, Ricardo Espíndola, Jesús Diez, Alberto Nacif, mi compadre y gran maestro del jerez, Valente García de Quevedo; mujeres como Pilar Meré, Laura Santander y Sandra Buch, quienes con temple y coraje tienen como meta dar a conocer todo este mundo del vino a todos los rincones de la Tierra; Rene Rentería, por su inagotable fuente de sabiduría; y podría pasarme todo el articulo entero hablando de las maravillas de los maestros del vino.

También hay que agradecer a los grandes maestros que hacen vino, mis honores a Jesús Rivera Covarrubias de vinícola El Cielo, a Juan Ríos de Barón Balché y a Hans Backhoff, de Monte Xanic, por citar algunos.

Vino e historias

Por último y no menos importantes, a mis hijos, por creer en mi proyecto y porque siempre están esperando que les cuente una historia más del vino.

Si quiere hacer un obsequio a cualquier maestro (de vida o escuela), piense en vino y entrégueselo con amor, no importa si es blanco, espumoso, rosado o tinto, se lo agradecerá.

Y la frase con la que cierro mis clases: “Siempre hay una historia para contar detrás de una buena copa de vino”.- JOSÉ CARLOS PALACIOS, sommelier

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