Rafael Alfonso Pérez y Pérez (*)

La gente viene a los museos para contar historias y participar, y la tecnología necesita facilitar eso (Jacob “Jake” Barton)

Con motivo del Día Internacional de los Museos (18 de mayo), una reflexión necesaria tanto para el público como para los diversos profesionales vinculados a la labor museológica es aquélla respecto al costo.

Existen dos supuestos para entenderlo: a) creación de un museo, y b) mantenimiento y conservación de un museo. Para poder comenzar el proyecto, la primera fase del estudio de viabilidad es la consulta a la comunidad a la que va a pertenecer el museo, la colectividad cultural y la sociedad, y saber con exactitud si existe aceptación y la necesidad de su existencia, ya sea con recursos públicos o privados, garantizando que el proyecto tenga futuro y la comunidad se apropie simbólicamente de él.

Desde luego, ello también dependerá de la viabilidad económica, ya que los costos de creación de un museo implican cantidades insólitas de dinero, además del tiempo para su planeación. Pero, sin duda alguna, si no se tiene claro el piso presupuestal el museo estará destinado a la desilusión (en el mejor de los casos) o a ser un proyecto inconcluso como sucede con muchos proyecto públicos y privados, ya que pocas veces un proyecto como éste debe verse como una inversión redituable económicamente. Para que el proyecto arranque y se logre el objetivo de apertura los fondos iniciales deberán considerar diversos gastos como planificación, consultoría, construcción, adquisición o renovación de un inmueble, controles ambientales, permisos, adquisición de colecciones, diseño de exposiciones, mobiliario museográfico, promociones, eventos de apertura, servicios públicos, hipoteca o alquiler (en caso de contar con un inmueble propio), etcétera.

En el caso del primer supuesto, la creación de un nuevo museo, siempre se tendrá que pensar en los recursos o en economías de inversión, las cuales comienzan desde el estudio de viabilidad del espacio museal. Ello lleva a dos posibilidades existentes: la creación de éste o la adaptación de algún inmueble para dicho fin, es decir, qué tipo de instalación se pretende construir, con cuáles se cuenta, se requiere rehabilitar o adaptar.

Lo anterior es tomando en cuenta qué tipo de colecciones u objetos museales se expondrán, resguardarán y estudiarán en el receptáculo del edificio llamado museo.

En el segundo de los supuestos, el mantenimiento y la conservación de un museo son los gastos de funcionamiento que se generan día con día, y están ligados con el primero de los supuestos, ya que se debe considerar desde la planeación (fuentes de financiación). Éstas podemos considerarlas en tres supuestos: los espacios privados, cuyas aportaciones provienen de donativos y el boletaje (recuperación de la inversión); en el caso de los museos públicos, provienen del presupuesto cultural asignado; con relación a los de economía mixta, su financiación proviene de las aportaciones de algunos gobiernos (federal, estatal y municipal) en cumplimiento de la obligación constitucional consignada en el artículo cuarto de nuestra Carta Magna: “Toda persona tiene derecho a la cultura; a la creación cultural; participar en la vida cultural; …”, así como mediante donativos de organizaciones filantrópicas coadyuvantes en esta obligación del Estado (patronatos, asociaciones, fundaciones, mecenazgos, donantes, etc). Entre los gastos diarios podemos citar algunos como: el mantenimiento y gastos de operación del inmueble, seguros, impuestos, obligaciones jurídicas-contables, salarios del personal, conservación de las colecciones, recursos para la investigación y el desarrollo de programas, publicaciones, redes informáticas de comunicación, equipos y tecnología, contratistas, además de los costos de la gestión de las colecciones u obras exhibidas, como los materiales museográficos para cada exposición. Pero siempre es más conveniente preservar los existentes que crear uno nuevo.

Director del Macay.

 

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