Salud y Vida
Yeusví Maley Flores Cazola (*)
Con tan solo 300 gramos de peso promedio, resulta difícil creer que el corazón, sea el motor de toda nuestra vida y que posea la fortaleza necesaria para latir más de 100,000 veces al día.
Este aparentemente diminuto órgano, es al que se le atribuye no solo la vida entera, sino también conceptos más idílicos como la bondad, la generosidad, la empatía y la tan anhelada capacidad de enamorarnos.
Aunque uno pudiera pensar que es uno de lo órganos más cuidados por la raza humana, es el propio corazón el que experimenta una tristeza profunda al percibir que sus dueños se empeñan en agredirlo constantemente y que son precisamente las afecciones que lo aquejan, las principales causas de mortalidad en el mundo.
Es curioso pensar que las futuras mamás anhelan escuchar los latidos cardíacos, esperanzadas en así refrendar la existencia de una nueva vida; que en el nacimiento además del llanto, una de las preocupaciones principales es que este pequeño órgano comience la carrera de la vida y que lo haga de una manera vigorosa para así permanecer el tiempo que transcurramos en el plano terrenal; pero que paralelamente a lo largo de nuestro desarrollo se va olvidando su importancia hasta quedar relegada en una función entendida como autónoma, monótona y sobre la cual nuestras acciones no debieran tener consecuencia alguna; y dicho error no podía ser más grande.
Transcurrimos en una sociedad de exigencias, en la que suplimos el descanso necesario por una doble jornada en búsqueda de mayor desarrollo personal y profesional, en la que las comidas familiares han sido suplantadas por la ingesta de calorías consumidas entre trayectos, y donde la visita al médico solamente se concibe si la pérdida de la homeostasia es tal, que los consejos de la abuela, las pastillas del compañero del trabajo y la prescripción del Dr. Google no alcanzan a recuperarla.
Irónicamente anhelamos enamorarnos sin lograr en un inicio amar la vida a plenitud y sin cuidar su fuente de existencia.
La descripción de una rutina diaria del adulto promedio, se suma incansablemente hasta presentar consecuencias graves.
La hipertensión, el descontrol metabólico, las arritmias y la insuficiencia hacen su aparición ante un olvidado corazón que lucha a marchas forzadas por lograr su único objetivo, mantenernos con vida.
No podemos olvidar quenosotros lo lanzamos a ese precipicio, quienes lo pusimos tras las cuerdas y que, siendo protagonistas de una escena sardónica, todavía nos permitimos el lujo de reírnos de su esfuerzo y exigirle resultados.
Dejemos de percibir al corazón como un órgano pequeño y brindemos la importancia merecida a su magnificencia, caminemos 30 minutos al día, consumamos menos comida procesada y llenémoslo de los nutrientes necesarios para fortalecerlo, acudamos a nuestro médico como una medida preventiva en salud y demostrémonos a nosotros mismos que la vida nos importa tanto que verdaderamente cuidamos de ella.
Feliz día a todos nuestros corazones.
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