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Una atracción en Nueva York pone a prueba el valor

NUEVA YORK (Por David R. Martin, de AP).— Al pisar los escalones metálicos de la parte exterior del rascacielos, un arnés garantiza que uno no se caerá al vacío desde casi 400 metros de altura.

Se puede ver la ciudad de Nueva York a los pies. Hacia el Sur asoma el One World Trade Center, el edificio contiguo al sitio que ocuparon alguna vez las Torres Gemelas. Hacia el Este, la aguja del Empire State. Hacia el Oeste, Nueva Jersey, precisa la guía Anissa Barbato.

El City Climb es la nueva atracción del 30 Hudson Yards, uno de los edificios más altos de la ciudad, que ofrece a los visitantes aventureros una perspectiva de Nueva York única: sin muros, sin ventanales y sin barandales de por medio.

La experiencia cuesta 185 dólares y comienza con una sesión informativa de los protocolos de seguridad. En grupos de hasta ocho personas, los visitantes se colocan overoles azules que evitan que se les caigan las cosas que portan y que éstas golpeen a los transeúntes.

Los escaladores reciben arneses unidos a rieles para subir las escaleras al aire libre, desde un primer puesto de observación conocido como el Cliff hasta la plataforma más alta, el Apex, a 387 metros de altura sobre la Décima Avenida.

En la plataforma más alta pueden asomarse por el borde y ver el Empire State.

Al comenzar la escalada, sentí un nudo en el estómago apenas crucé el acceso a una “zona restringida” y me asomé al Cliff. Mis manos se entumecieron por el frío mientras subía 161 escalones por el borde exterior de la distintiva cima triangular del edificio.

Miré hacia abajo, donde las personas que caminaban por la plaza del Hudson Yards parecían hormigas. Cuando llegamos al Apex, la guía Barbato nos dijo: “Bienvenidos a la cima del mundo”. Enseguida se echó hacia atrás, con los brazos extendidos, y quedó colgando, sostenida por cuerdas que evitaban su caída.

“Coloquen los tobillos en el borde, doblen las rodillas e impúlsense hacia afuera”, indicó uno de los guías.

Seguí las instrucciones y llegó el momento de abrir los brazos. No sabía si quería hacerlo, pero todos me miraban. Pensé en mis años de estudiante universitario cuando fui con unos amigos a hacer saltos bungee. No me animé y siempre lo lamenté. Me solté. No fue tan difícil como me imaginaba. Siempre y cuando no pensase en que caería a la calle. Es una caída de nueve segundos, una muerte segura.

Luego de lo que pareció una eternidad —fueron en realidad 30 o 40 segundos—, tomé el arnés y me incorporé. Cuando pisé firmemente la plataforma sentí que había hecho algo especial.

Mirador Opinión

La guía Anissa Barbato dice que la experiencia atrae a gente que desea superar su miedo a las alturas.

Sitio interesante

También, a “exploradores urbanos que buscan algo interesante que hacer en la ciudad” y otra “gente que quiere superar obstáculos”.

Cambio de vida

“Ésta será una experiencia maravillosa, le cambia la vida mucha gente”, afirma.

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