Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

El día de ayer 1 de diciembre se conmemoró el día mundial de la lucha contra el VIH-Sida.

Desde el inicio de la pandemia del VIH-Sida la Iglesia católica la ha combatido desde los niveles médicos, sociales y espirituales.

El 26.7% de los centros en el mundo para tratar enfermos de VIH/Sida están dentro de la Iglesia católica. Nuestro trabajo versa sobre la capacitación de profesionales de la salud, prevención, cuidado, asistencia y acompañamiento, tanto de los enfermos como de sus familias.

La Iglesia invita a cada uno a intensificar la prevención según la doctrina de la Iglesia, a vivir la virtud de la castidad en una sociedad pansexualista, a acercarse al sacramento de la reconciliación, a reavivar en los enfermos el sentido cristiano de la vida con la esperanza en la resurrección, a dispensar una formación integral y cualificada a los agentes de la salud y reservar una asistencia especial a los enfermos terminales.

Los médicos y enfermeras y otras profesiones similares, tienen mucho de “buen samaritano”, el apoyo que les demos compartirá este noble oficio. Los sacerdotes debemos tener conciencia de que estos enfermos necesitan una palabra de auténtico consuelo, dándoles sentido a sus vidas que están consumiéndose.

En Yucatán, en el albergue de la “Misericordia de Dios Padre”, las hermanas Misioneras de Cristo Resucitado, realizan una incansable y fecunda labor al servicio y cuidado de estos hermanos nuestros con esta enfermedad.

Una de las responsabilidades más grandes que la comunidad cristiana tiene ante el sida es la de contribuir a la prevención con la Buena Noticia de Jesús. El mensaje de Jesús es salud para todo ser humano y la práctica pastoral ha de ser reflejo de ello. Como Iglesia debemos contribuir a la humanización de la sexualidad como dimensión humana esencial que armonice la belleza y bondad de las relaciones humanas.

Oramos continuamente por todos los enfermos, de manera especial nuestra intención por los enfermos de VIH Sida.

Que la Santísima Virgen María, salud de los enfermos, conceda a todos los pacientes, sus familias, agentes y profesionales de la Salud la asistencia continua de las gracias de Jesucristo nuestro Señor.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, Doctorando en Bioética

 

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