MONSEÑOR GUSTAVO RODRÍGUEZ VEGA, ARZOBISPO DE YUCATÁN
“Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11).
Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este primer domingo del año 2022, en la solemnidad de la Epifanía, que es la Navidad en el mundo oriental, popularmente conocida como la fiesta de los Santos Reyes. Un saludo muy especial a todos los fieles de la parroquia de los Santos Reyes en Tizimín, que celebrarán su fiesta patronal el 6 de enero.
La fiesta de los Santos Reyes se celebra en Colonia (Alemania), donde existe una basílica dedicada a ellos; ahí tienen un sarcófago en el que la tradición asegura se guardan los huesos de los tres Reyes Magos. También se celebra en España, de donde llegó luego la devoción fuerte a Puerto Rico; igualmente llegó a nuestro país esta tradición, que en Ciudad de México y sus alrededores se traduce en el comer la rosca de reyes, así como que ellos les traigan juguetes a los niños.
Particularmente Tizimín es un lugar donde hay un fervor singular por el cual se venera como auténticos santos a Melchor, Gaspar y Baltazar, devoción que se extiende a todo Yucatán.
La palabra Epifanía significa “manifestación”, porque en la Navidad Dios se nos manifestó en carne humana. También se trata de la manifestación para todas las naciones, a los llamados paganos, porque los Magos venidos de Oriente representaban al resto de las naciones.
Esta Epifanía significa que, desde Belén, el Niño Dios nace para todos. Qué triste es que casi la totalidad de los cercanos no hayan reconocido a su Señor que nació en medio de ellos y lo ignoraron. Mientras que por otro lado unos paganos venidos de lejos, buscándolo, lo encontraron y lo reconocieron en su dignidad de Rey, de Dios y de ser humano.
Sobre esa manifestación, San Pablo en su Carta a los Efesios, de la que hoy escuchamos un pasaje en la Segunda Lectura, dice: “Por revelación se me dio a conocer este designio secreto, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos… (que) también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo” (Ef 3, 5-6). Esa manifestación llega hasta nosotros los hombres y mujeres de hoy.
El relato evangélico según San Mateo es el único de los cuatro Evangelios que nos trae la narración del episodio de la adoración de los Magos. El texto habla de “unos magos venidos de Oriente”, no dice que fueran reyes, tampoco cuántos eran, ni mucho menos sus nombres ni cabalgaduras. Es en escritos posteriores donde la tradición ha consignado los demás datos. Se les llama “reyes” porque, para realizar el viaje de investigación que hicieron, debieron haber empleado mucho dinero pagando incluso un pequeño ejército que los protegiera.
Además, se les llama “reyes” porque en ellos se contempla el cumplimiento de las profecías que anunciaban que algunos reyes vendrían a adorar al Señor, como dice la primera lectura de hoy, tomada del Profeta Isaías: “Caminarán los pueblos a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro” (Is 60, 3. 6). Igualmente el Salmo 71, que hoy proclamamos, dice: “Los reyes de Occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones”.
Por otro lado, San Mateo los llama “magos” y no es porque se dedicaran a hacer magia, como expresa el sentido moderno de la palabra, sino que eran científicos investigadores de los libros propios y extranjeros, así como estudiosos de los fenómenos astronómicos. Detrás de esa capacidad y curiosidad científica para estudiar libros de distintas naciones y para interpretar lo que veían en el cielo, estaba su necesidad de buscar la única verdad que le diera sentido a todo cuanto existe, su gran deseo pues, de encontrar al Dios verdadero.
