Un hombre en Pekín

Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Ya transcurrieron 786 días desde que se suscitó un hecho histórico para la humanidad, un nuevo virus fue detectado en Wuhan, China, el 17 de noviembre del 2019 y desde entonces ingresamos a la carrera de la supervivencia, en la que las circunstancias de ingreso pueden causar la diferencia y no tienen distinción alguna.

Si algo debemos aprender es que sin importar nuestra nacionalidad, cultura, raíces e historia evolutiva, en todo momento somos iguales a nuestros semejantes, con grandes características que deberíamos admirar para poder crecer, pero biológicamente tan iguales que una pandemia se encargó de recordarnos que las barreras geográficas son inexistentes al arrasar con el mundo.

Si bien lo pensamos, el colapso de las aerolíneas sirve como recordatorio de la comunicación global que hemos entretejido y la cual a veces damos por sentado.

El coronavirus nos demuestra que el poder adquisitivo no confiere poder alguno y que, aun siendo el presidente, te puede cobrar la factura, porque en pocas ocasiones se ha demostrado de manera tan inminente la equidad humana.

Y es precisamente en este ejercicio de reconocimiento que juega un papel fundamental la solidaridad, un acto de empatía que pide a gritos la responsabilidad de entender las consecuencias de nuestras acciones y el impacto que estas pueden tener en los diversos grupos sociales sobre los cuales se tienen injerencia.

Es imperdonable no usar cubre bocas e implantar la duda en los ciudadanos de la protección de esta medida, es imperdonable postergar una prueba por pensar que podemos padecer una gripa cualquiera y es imperdonable ejercer estas acciones siendo una figura pública.

No se puede enmascarar el inminente colapso de las instituciones médicas, primero sufrieron desabasto de insumos, hoy es un desabasto masivo del recurso humano que, mermado por el enorme esfuerzo, cae presa de un gigante al que ha logrado retener por mucho tiempo.

Es imperdonable juzgar el colapso de aerolíneas y señalar la mermada entereza del personal de salud, y es imperdonable burlase públicamente con acciones completamente opuestas a las señaladas por expertos.

Lo único rescatable de una serie de sucesos desafortunados es la reflexión de los límites que nos imponemos, porque marcar una distancia de protección no significa que no seas importante para mí, por el contrario significa que me importas tanto que aunque me duela prefiero verte a la distancia, prefiero cubrir mi sonrisa y expresar mi alegría por verte a través de mis ojos, prefiero cambiar los abrazos por anécdotas y hacerte saber que con estas acciones, me cuido yo y te cuido a ti, porque lo más seguro es que no te conozca, que no coincida contigo otra vez, pero lo único seguro es que tú y yo somos igual de vulnerables a una enfermedad que no conoce límites ni mucho menos jerarquías.

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