POMPEYA (AP).— En unas cuantas horas Pompeya pasó de ser una ciudad vibrante a un desierto cubierto de cenizas, asfixiado por una furiosa erupción volcánica en el año 79 después de Cristo.

Luego, en este siglo, la ciudad romana parecía estar cerca de una segunda muerte, asediada por décadas de abandono, mala gestión y escaso mantenimiento a vestigios muy visitados. El derrumbe en 2010 de una sala donde entrenaban los gladiadores casi le costó la designación como Patrimonio de la Humanidad.

Pero en estos días Pompeya renace gracias a tecnología innovadora bajo el mando de Gabriel Zuchtriegel, un arqueólogo alemán que hace 10 meses fue nombrado director del parque arqueológico.

El Gran Proyecto Pompeya, una inyección de 105 millones de euros (120 millones de dólares) en fondos de la Unión Europea, ayudó a salvar las ruinas de experimentar mayor degradación.

“Todo se gastó y se gastó bien”, dice Zuchtriegel en una terraza con el Gran Teatro al aire libre de Pompeya como telón de fondo.

Pero con los inevitables problemas de conservación futuros para los restos de edificios excavados por primera vez hace 250 años la nueva tecnología es crucial “en este tipo de batalla contra el tiempo”, señala el director, de 41 años de edad.

Los extremos climáticos, incluidas las lluvias cada vez más intensas y los períodos de calor abrasador, podrían amenazar a Pompeya. “Algunas condiciones están cambiando y ya podemos medir esto”, apunta.

Confiar en los ojos humanos para detectar signos del deterioro causado por el clima en pisos de mosaico y paredes con frescos en las aproximadamente 10,000 habitaciones excavadas de villas, talleres y humildes residencias sería imposible. Por esa razón, la inteligencia artificial y los drones proporcionarán datos e imágenes en tiempo real.

Desde el año pasado la inteligencia artificial y los robots realizan tareas que de otro modo serían imposibles de efectuar, entre ellas volver a construir frescos que se han desecho en fragmentos diminutos. Los robots también ayudarán a reparar los frescos dañados en la Schola Armaturarum, el cuartel de los gladiadores, que alguna vez simbolizó el deterioro moderno de Pompeya y ahora se celebra como evidencia de su renacimiento.