En la plática anterior, queridos abuelos, decíamos que una buena parte de los adultos mayores mexicanos usa la religiosidad, mientras otros, viven su espiritualidad.
Usar la religiosidad, comenté, significa tener la religión simplemente como un refugio ante nuestros miedos e inseguridades, pero sin ninguna convicción ni compromiso de vida con la doctrina, ética y moral que toda religión —seria— enseña.
A veces nos decimos religiosos, pero en realidad, nuestra conducta cotidiana demuestra una profunda actitud materialista, egoísta e incluso, desinteresada ante realidades y situaciones que exigen una postura clara y participación directa, que manifiesten lo que creemos, vivimos y defendemos.
Vivir la espiritualidad, en cambio, significa que nuestra conducta cotidiana es guiada por las exigencias éticas y morales que todo “acto humano” requiere por naturaleza o tal vez por las de la religión que hayamos elegido libremente que, estemos en uno u otro caso, el compromiso, la ética y la moral son sustancialmente las mismas.
Entonces, queridos abuelos, para enfrentar exitosamente los grandes desafíos de la vida cotidiana no será suficiente usar la religiosidad como un refugio.
Será necesario que descubras la verdadera espiritualidad como una práctica cotidiana que nace de tu interior, guiada y comprometida con principios éticos y morales que alimentan tus convicciones más profundas y te llevan a la acción concreta, eligiendo siempre la mejor de las conductas, tanto para ti como para todas las personas que caminan contigo a lo largo de la vida, empezando en casa.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06 @delosabuelos
