Los fines de la medicina han sido curar, aliviar y consolar; con el paso del tiempo esto se ha convertido en salvar y prolongar la vida, promover y conservar la salud, así como aliviar el dolor y el sufrimiento.
Considerando el primer fin de salvar y prolongar la vida hay que considerar que no puede ser un fin absoluto dado que aparece la voluntad del paciente (voluntades anticipadas) y por otra parte puede llevar a intervenciones fútiles en el sentido de intervenciones no indicadas, excesivas y desproporcionadas que pueden conllevar una situación de obstinación terapéutica.
En este sentido hay que considerar los aspectos éticos de la limitación del esfuerzo terapéutico (LET) en el que habrá que conjugar los deseos y expectativas del paciente (principio de autonomía) y los aspectos clínico-pronósticos de la situación del paciente.
Durante el siglo XX, la medicina tuvo grandes avances, y lo que llevamos del siglo XXI, la situación va mucho mejor en relación con la capacidad de inherencia de la ciencia con la tecnología, por eso se piensa que la medicina del presente y del futuro debería orientarse a:
Tener credibilidad, siendo receptiva con las demandas sociales, pero dirigiendo su propia vida profesional. Esta credibilidad vendría dada por la consideración ética de las actuaciones profesionales, orientándose a la persona enferma y con una relación médico-paciente que huye del paternalismo y tiende al consejo y a la toma de decisiones compartida con el paciente.
Ser moderada y prudente, centrada en la persona y teniendo en cuenta la justicia social en la distribución de los recursos asistenciales, sin caer en la prepotencia tecnológica.
Ser asequible y sostenible, dado que en sistemas públicos de atención la consideración del coste-oportunidad es un elemento clave para la toma de decisiones en salud. Esta consideración está en la macrogestión gerencial de los sistemas sanitarios, pero también debe estar en la microgestión que cada médico realiza en su práctica diaria.
Ser socialmente sensible y pluralista, en el sentido de considerar los valores y las preferencias de los pacientes que pertenecen a diferentes culturas y tienen diferentes valores personales, sociales y espirituales.
Ser justa y equitativa considerando el derecho de todas las personas al cuidado de su salud y velando por la accesibilidad a los servicios sanitarios sin discriminación.
Respetar las opciones y la dignidad de las personas.— Coordinador diocesano para la Pastoral de la Vida y Doctorando en Bioética
