Platicando con los abuelos, les comentaba que cuando empezamos a envejecer, solemos pelearnos con nuestra autoimagen y, por consecuencia, nuestra autoestima se daña.
Nuestra autoimagen —elemento clave de la autoestima— es como la fotografía interna que tenemos de quiénes somos y de lo que podríamos llegar a ser.
Y como suele pasar con una fotografía, nos puede gustar o no gustar. Cuando nos disgusta esa fotografía, entonces entramos en crisis.
Nuestra autoimagen se alimenta de nuestro inconsciente. Y cuidado, pues el inconsciente es muy manipulador y si no ponemos atención a esto, sin duda manipulará nuestros pensamientos y emociones, nuestros estados de ánimo, también nuestras conductas.
Todos los pensamientos, sentimientos y conductas, están guiados por nuestra autoimagen; convicciones les llamamos.
En su relevancia radica el desarrollo de nuestra construcción personal y la vivencia exitosa de la vejez.
Para trabajar con mayor eficacia nuestro inconsciente, será bastante útil conocer y entender qué es y cómo trabaja en la formación de nuestra autoimagen.
¿Entonces juega un papel determinante en la formación de nuestra autoimagen? Preguntaron.Completamente. Contesté.
El inconsciente es el lugar donde están guardados todos aquellos sucesos y experiencias que hemos enfrentado desde la primera infancia hasta el día de hoy, todo se encuentra en forma de imágenes.
Algunas de esas imágenes son amigables con nosotros, otras, parecen agredirnos en todo momento.
La buena noticia es que tenemos el poder para elegir qué imágenes aceptar y cuáles desechar para siempre.
Seguiremos platicando al respecto.
Antonio Alonzo Ruiz, psicólogo. Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp 9993-46-62-06Antonio Alonzo
