El pasado 10 de septiembre conmemoramos el día internacional de la prevención del suicidio. La Biblia no habla explícitamente del suicidio y contra el suicidio porque es algo absolutamente inconcebible en la visión bíblica del hombre y de su dependencia con Dios. Según la revelación el hombre recibe la vida de Dios como un don precioso y pertenece continuamente a él y no a sí mismo. El primero y el quinto mandamiento avalan la dependencia a Dios, incluyendo el cuidado de nuestro ser corporal.
En la Sagrada Escritura encontramos trágicos ejemplos de quienes llegaron a suprimir este primer e inalienable valor humano, que es la vida. Así se habla del rey Saúl (1Sam 31,1-6), quien avergonzado y temeroso de David, se arroja sobre su propia espada. Y Judas Iscariote (Mt 27, 3-10), el cual acosado por el remordimiento y confusión arroja las monedas de la traición y se ahorca.
“El suicidio es tan inaceptable como el homicidio; semejante acción constituye, en efecto, por parte del hombre, el rechazo a la soberanía de Dios y de su designio de amor. Además, el suicidio es a menudo un rechazo del amor hacia sí mismo, una negación de la natural aspiración de la vida, una renuncia frente a los deberes de justicia y caridad hacia el prójimo, hacia las diversas comunidades y hacia la sociedad entera”. El suicida generalmente cae en la desesperanza, pues no descubre ya ningún sentido a la vida, ni al sufrimiento físico o moral.
Nuestra inclinación natural es hacia la vida. Una acción que contradiga esto no puede ser catalogada más que contra natura. El suicidio es gravemente contrario al justo amor hacia sí mismo y también ofende el amor al prójimo dado que rompe los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana. En este sentido, el suicidio es una injuria contra la comunidad.
Es también grave la cooperación voluntaria al suicidio porque se elige libremente ayudar a alguien a atentar directamente contra la vida. Aún más, si se comete con intención de servir como ejemplo adquiere además la gravedad de escándalo.
Es verdad que cada caso, cada suicidio, es un misterio que hay que respetar. También es cierto que la sicología y la sociología nos ayudan a identificar algunas causas generales que suelen empujar a una persona a caer en un error de esta magnitud. En la actualidad, se suele relacionar mayormente el suicidio con la depresión psíquica.
Algunas causas principales y más comunes del suicidio son: la depresión, el exceso en el consumo del alcohol, las drogadicción, severa crisis económica y confusión sentimental.— Coordinador diocesano para la pastoral de la vida. Doctorando en Bioética.
