Volver a exponer en Ciudad de México, después de más de una década, es importante para Gabriel Ramírez Aznar porque, dice, ahora son pocos los espacios que reciben pinturas.

“La pintura ya está un poco arrumbada a cambio de otro tipo de manifestaciones, supuestamente artísticas”, dice el maestro, quien no se va por eufemismos.

Esa tendencia, admite, no es de ahora, pero ha sido un cambio muy drástico que alguien “agarre un pedazo de algo que observa en la calle y ya es arte porque lo tocó un artista”.

“A ese tipo de cosas yo no le llamaría arte”.

En entrevista en su taller, donde en el último mes ha pintado casi setenta cuadros, algo que él mismo considera exagerado, el maestro Ramírez Aznar informa que expondrá en la Galería Urbana junto con el pintor guanajuatense Jazzamoart.

La exposición, titulada “Sinfonía de ayer y hoy”, comprende diez obras de Jazzamoart y nueve del maestro Ramírez Aznar, quien presentará, entre otros cuadros: “Jubilado con coche”, “Perro y conquistador”, “Ahorcado” y “Canelo madreado”. Todos son cuadros recientes.

Nacido el 4 de enero de 1938, el maestro, un referente del arte abstracto no solo en Yucatán sino en todo México, comenzó a pintar a los 21 años, en 1959, dos años después de ver la película sobre Van Gogh “Sed de vivir”, protagonizada por Kirk Douglas.

“Esa película me impresionó mucho. Yo no sabía quién era Van Gogh. Sabía que existía la pintura porque había visto una película sobre Toulouse-Lautrec y sobre Gauguin, pero no sabía quién era Van Gogh”.

“A partir de esa función, comencé a interesarme y a comprar libros para conocer a los pintores”.

Fue por esa época cuando intentó su primer cuadro: un Benito Juárez atabacado con el pelo negro y con el que terminó haciendo un lodazal en su departamento en menos de una hora.

“Yo nunca estudié pintura y pensé que era muy fácil. Durante mucho tiempo hice una gran cantidad de porquería”, añade el artista, que solo pensaba en pintar, no en fama ni éxito. Además, en esa época, las pinturas eran “baratísimas”. Un cuadro de Francisco Toledo o Vicente Rojo se podía conseguir en 40 pesos.

Al abstracto llegó por el color, aunque reconoce tener mucha influencia de Corneille, Joan Miró y Karel Appel. “La pintura es color y por eso siempre me he preguntado por qué los pintores mexicanos no usan más color. Cuevas decía que ‘México es un país de blanco y negro’. Claro que no, todo lo contrario. Lo que pasa que es muy difícil manejar el color”, asegura.

De hecho, y tras resaltar que con cuatro colores se pinta un cuadro, el maestro recuerda que en una colectiva aquí en Mérida sobre “La Ruptura” el único cuadro con color fue suyo.

¿En todos sus años dedicados a la pintura, cuál ha sido su mayor logro?

No existe. Un pintor tiene que saber que va de la mano del fracaso. Es muy difícil sacar un cuadro y que sea 100% lo que tenía en mente. Siempre falla algo, de eso se trata esto (…). En una ocasión en el Museo de Arte Moderno un grupo de señoras me preguntó si me gustaba cómo pintaba Gabriel Ramírez. Les dije: ‘Claro que no, debería pintar mejor’”.

¿Qué futuro le ve al abstracto en Yucatán?

El futuro ya está acá. Aquí fácil ya hay pintores como para formar un equipo de fútbol. Creo que hay como 11 pintores buenos, que están trabajando en el oficio.

¿La ESAY y la Uady han contribuido a la formación de artistas y público?

No puedo responder porque estoy al margen de las cuestiones burocráticas (…) Lo de la ESAY no sé cómo funciona, no sé si tiene galería, no sé quién es el director; bueno, es el maestro (Javier) Álvarez, pero no sé quién es el de Artes Plásticas… Allí hay un maestro para el que el arte comenzó en 2000. ¿Y todo lo anterior? Pero le digo que está bien, que no se enrede en la vida.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes?

No me gusta dar consejos. Si son pintores que sigan sin preocuparse de lo que digan los demás. Tienes que ser fiel a ti mismo. Tú tienes que ser el primero que acepte o no lo que estás haciendo. Yo jamás leo lo que escriben sobre mí, porque todo lo que escriben es hueco, reiterativo… Me da la impresión que si quitan tu nombre y ponen el de otro es igual.

El maestro también critica que la gente no se detenga a mirar las pinturas y solo acuda a las inauguraciones por el brindis.

“La gente jamás se detiene, no llega ni al minuto y cree que ya vio el cuadro. La gente pasa casi de largo (…) En el Macay la gente no sube (a las salas), se queda esperando abajo donde está el ‘trago’. Son pocos los que van verdaderamente interesados por la pintura. Ahora es una cosa socialité estar allá”, afirma, pero reconoce que a pesar de todo la pintura le da mucha alegría.

“Para mí los días son maravillosos cuando puedo pintar. No soy un obseso de que si no pinto me mato, pero sí hay días monótonos, tristes, mediocres… siempre sé que al día siguiente vendré acá y entonces el mañana se vuelve más maravillo”.

La exposición en la Galería Urbana se inaugurará mañana y permanecerá un mes instalada.— Jorge Iván Canul Ek

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