WASHINGTON (EFE).— “Houston, tenemos un problema”, pensaron los responsables del Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington cuando en 2018 tuvieron que comenzar las obras de restauración del edificio. El museo ya reabrió por fin sus puertas, renovado y listo para despegar como el más popular de la capital estadounidense.
Desde el 21 de octubre pasado, el traje espacial de Neil Armstrong y una nave de la saga cinematográfica “Star Wars”, entre otros artículos, están expuestos a los visitantes al recinto, perteneciente al Instituto Smithsoniano. Sin embargo, por ahora se abrirá solamente una parte del edificio.
“El Museo del Aire y del Espacio ha sido siempre uno de los más visitados de la ciudad, del país y del mundo gracias a la conexión entre las personas y los objetos expuestos. Ha sido inmensamente popular y esperamos que siga siendo así”, explicó Jeremy Kenny, comisario de la instalación.
Ubicado en el National Mall de Washington —la gigantesca explanada que alberga la Casa Blanca, el Capitolio y el Memorial de Abraham Lincoln—, este museo fue inaugurado en 1946 y desde entonces ha recibido más de 350 millones de visitantes, atraídos por sus aviones y artefactos espaciales.
El edificio tuvo que cerrar sus puertas para someterse a un profundo remozamiento que se inició en 2018, cuando su éxito era abrumador, pues solo ese año recibió 6.2 millones de personas, con lo que se alzaba como el quinto museo más visitado del mundo. Desde entonces ha abierto de forma intermitente, pero desde octubre se puede visitar de forma definitiva el ala oeste, que cuenta con 14 nuevas exposiciones.
La zona central del edificio no abrirá sino en 2023 y para el ala este habrá que esperar a 2024, cuando los visitantes podrán disfrutar de 23 nuevas exhibiciones.
“Un visitante que haya estado antes en el museo se sentirá en un lugar familiar, pero todo lo que verá es nuevo o ha sido reinterpretado”, afirmó el comisario, que anticipó que esperan “grandes multitudes” de personas.
Los atractivos
El ala oeste cuenta con cientos de objetos nuevos, como el avión T-38 que utilizó la piloto estadounidense Jackie Cochran cuando se convirtió en 1953 en la primera mujer en romper la barrera del sonido. También se exhibe el Sharp DR 90 Nemesis, diseñado por Jon Sharp, que fue el avión de carreras más exitoso en la década de 1990, al igual que el biplano acrobático del reconocido aviador Sean Tucker: el Aviation Specialties Unlimited Challenger III.
Un museo aeroespacial que se precie no podía obviar el universo “Star Wars”, razón por la cual el museo adquirió la nave X-Wing StarFighter que aparece en “Star Wars: El ascenso de Skywalker” y que entregó en préstamo Lucasfilm.
Reliquias
Además, los más nostálgicos podrán volver a gozar de las grandes reliquias que hicieron famoso el museo: el módulo de mando del Apolo 11, la primera misión tripulada en llegar a la Luna, en 1969, y el traje con el que Neil Armstrong hizo historia al pisar el cuerpo celeste.
Asimismo, vuelve a estar expuesto el Wright Flyer, con el que los hermanos Willbur y Orville Wright alcanzaron en 1903 el hito del primer vuelo sostenido bajo el control total del piloto.
“La razón número uno para venir al Museo del Aire y el Espacio es ver los objetos icónicos que hablan sobre el viaje de la Humanidad a través de la atmósfera y del más allá”, subraya Jeremy Kenny. Y no solo reliquias. También cuenta con un planetario renovado y nuevas tecnologías para ofrecer experiencias más inmersivas.
“Es un gran lugar para visitar en familia. Permite a todas las generaciones aprender cosas nuevas e inspirar a los jóvenes a emprender sus carreras en la industria aeroespacial”, manifiesta el comisario.
