RÍO DE JANEIRO (EFE).— Escribir era algo tan vital para Nélida Piñón, la autora brasileña que murió ayer a los 85 años, que para concluir su última novela tuvo que recurrir al ingenio porque la visión le fallaba y tenía el brazo inmovilizado por una fractura que le impedía usar la computadora.

“Por primera vez escribí una novela a mano. Trabajaba ocho horas diarias escribiendo a mano, pero tenía que hacer un gran esfuerzo para recordar lo que iba relatando debido a que no conseguía leer lo que escribía. Por eso me esforzaba para ni siquiera levantarme a ir al baño”, relató en su momento quien fue la primera mujer en presidir la Academia Brasileña de las Letras.

Fue precisamente la Academia la que comunicó su muerte en un hospital de Lisboa, aunque no se informaron las causas.

Los esfuerzos, y la ayuda de su asistente Carla, quien transcribía sus manuscritos a la computadora, dieron lugar al primero de los ocho borradores de “Un día llegaré a Sagres” (2020).

Para escribir esta novela, que la perseguía desde hacía años y a la que consideraba la consagración de sus relaciones con Portugal y con el portugués, se estableció en 2018 en Lisboa.

Fue un viaje que postergó por mucho tiempo debido a que no quería poner en riesgo a Gravetinho, su perro, cuya salud estaba amenazada por una dieta en la que sobraban quesos y otros manjares.

Pero la muerte en 2017 de la mascota, después sustituida por dos inseparables y mimadas perritas, la liberó para cumplir su desafío.

La primera brasileña en recibir los principales premios de literatura iberoamericana, como el Príncipe de Asturias (2005), el Juan Rulfo y el Menéndez Pelayo, consideraba la literatura como la herramienta para superar las dificultades que afrontó por su condición de mujer y contestataria desde que en 1961 publicara su primera novela, “Guía-mapa de Gabriel Arcanjo”.

Piñón, nacida en Río de Janeiro en 1937 y autora de 25 libros, incluyendo “La república de los sueños” y “La dulce canción de Caetana”, decía que desde el inicio de su carrera percibió que “el sistema era cruel”, principalmente con los menos favorecidos y las mujeres, y su misión era denunciarlo.

Piñón descubrió su vocación cuando era niña y consideraba que en su formación como escritora había contribuido el hecho de ser descendiente de inmigrantes gallegos, sentirse extranjera en Brasil y haberse interesado tanto por la cultura de Galicia como por la de España y Portugal.

Por eso, también valoraba su educación multicultural y el bilingüismo, con el dominio de dos lenguas “autónomas, soberanas y universales”, que le permitieron acercarse a los clásicos.

“De cierta forma considero que el hecho de ser de una familia emigrante que atravesó el Atlántico me dio también una dimensión atlántica y me abrió la puerta de todas las civilizaciones. Y no era por ser gallega, sino por ser peninsular, iberoamericana”, decía.

Su relación con lo iberoamericano la profundizó aún más al quedar bajo la guardia de la editora catalana Carmen Balcells, a la que la unió una gran amistad y quien la acercó a los escritores del “boom” latinoamericano.

Uno de ellos llegó a apasionarse por la brasileña, según llegó a revelar la escritora, que nunca se casó pero que siempre decía estar probando una relación.

Nunca ocultó su compromiso con los derechos humanos y el feminismo. “Soy una feminista histórica. Mis primeros libros ya eran feministas”, indicaba.

Pese a sus lazos con España, Piñón no recibió la nacionalidad española sino en noviembre de 2021, en un viaje a Madrid en el que aprovechó para depositar en La Caja de las Letras del Instituto Cervantes una colección de libros, fotografías y objetos personales que permiten comprenderla.

 

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