Quién pudiera decir que la entera existencia de la población humana dependiera del adecuado lavado de manos; un hecho aparentemente simple, pero de valor fundamental para evitar la propagación de virus y bacterias.
A lo largo de la historia encontramos eventos relacionados con la higiene, la cual suele tomarse como estatus social, más que como una sugerencia médica.
El médico Semmelweis es reconocido como el padre del lavado de manos. Este galeno que laboraba en un hospital en Viena, constató que los médicos que tomaban clases de anatomía con cadáveres y posteriormente atendían partos tenían la tasa de mortalidad más alta. Posterior a esta observación propuso el lavado de manos y fue tachado de loco e incluso años más tarde sus ideas innovadoras lo llevarían a pasar los últimos días de su vida en su psiquiátrico.
Pasado algún tiempo, el médico cirujano Joseph Lister retomó estas observaciones e impuso la medida de estricto lavado de manos antes de cualquier atención médica, reduciendo importantemente la mortalidad y constatando así que aquello tildado de locura, en realidad era un acto puro destinado a salvaguardar la salud.
En pleno siglo XXI y tras sobrellevar el azote de una pandemia, tres de cada 10 personas no cuentan con las condiciones necesarias para realizar un lavado adecuado. Lo ideal para llevarlo al cabo es contar con agua corriente limpia y jabón.
Debemos recordar que para que se considere útil o adecuado debemos mojar las manos y después verter el jabón para friccionar toda la superficie de palmas dorso e interdígitos durante 20 a 30 segundos. Las micelas del jabón serán las encargadas de romper las estructuras de virus, bacterias, parásitos y todo el universo de microorganismos que suelen colonizar esta superficie.
Se calcula que alrededor de 3,200 bacterias están en las manos, abarcando unas 150 especies de microorganismos. El uso de agua y jabón puede barrer de manera eficaz con esta microbiota.
Contrario a lo que podríamos pensar, el uso de alcohol gel suele ser bacteriostático y en algunas concentraciones inclusive resulta incapaz de eliminar ciertos virus.
Es importante saber que existen determinados momentos en los cuales el lavado de manos debe estar presente, como al manipular alimentos, después de ir al baño, antes de comer, después de estornudar o cuidar a alguien enfermo, después de recoger excretas de mascotas o de sacar la basura, y por supuesto después de manipular algún objeto considerado como potencialmente contaminado como nuestros ya rutinarios cubrebocas.
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