Filigrana de amor hecha de verso y convertida en trova, revestida de romance y el espíritu bohemio que caracteriza a esta tierra. El legado de músicos, escritores y cantantes nacidos en Yucatán en mayo dio forma y textura anteayer a la velada del programa “Recordando a los compositores” del Museo de la Canción Yucateca.
Elena Fernández del Moral, directora del recinto, dijo que “los astros se confabularon para que una pléyade de talentos coincidieran en un mismo espacio y momento, para regalarnos una gran velada”. Un corte de energía eléctrica momentos antes de iniciar puso en riesgo el concierto, lo que al final no ocurrió.
El tributo de pasión y añoranza llevó a los 150 espectadores a un emotivo recorrido por temas de María Medina, María Eugenia Escobedo, Felipe de la Cruz, Felipe Santiago Pérez Pacheco, Armando Rodríguez, Arturo Cámara Tappan, Enrique Cáceres Méndez y Luis Felipe Castillo Herrera.
Fue una noche fresca en una atmósfera acogedora y romántica en la que el escenario se llenó de versos que le cantan a la mujer, a la madre, al amor y al desamor, al cariño no correspondido, la obsesión, al vano intento de olvidar lo que es imposible echar del recuerdo e incluso a los poetas y trovadores del Mayab.
El programa lo abrió uno de los homenajeados, Felipe de la Cruz, quien compartió el escenario con las juveniles voces de Jorge Cardeña y Aeda Fernanda, esta última semifinalista de “La Voz 2022”, quienes interpretaron “Cantores del Mayab”, letra del propio De la Cruz.
A continuación, Cardeña, de 16 años de edad, acompañó en el piano a otra novel figura del firmamento musical yucateco, Geysi Sarahí, para ofrecer, nuevamente de Felipe de la Cruz, “Retrato”, dedicado al amor del hijo hacia su madre.
De la Cruz subió al escenario para presentar de su autoría musical y de José Antonio Ceballos en la letra “Corazón baldío”, acompañado por el maestro Carlos Milán, pianista de Amanda Miguel, el mismo que inmediatamente después acompañó a Aeda Fernanda en la interpretación de “Como no sea para quererte” de José Antonio Ceballos, tema que le dio lustre internacional a Guadalupe Pineda.
Seguidamente se escuchó la voz de la juvenil intérprete Graciela Rodríguez, quien, acompañada al piano por Pedro Carlos Herrera, director artístico de la Orquesta Típica Yukalpetén, ofreció “Dulce sacrificio”, de Armado Rodríguez.
Tocó entonces el turno al Trío Despertar, conformado por Fabián Cano Baqueiro, Daniel Molina Sansores y Mario de la Cruz, que interpretó “Soñando”, “Solo invierno”, “Cuida mi amor, cariño” y “Feliz aniversario”, de Luis Felipe Castillo, Enrique Cáceres, María Eugenia Escobedo y Armando Rodríguez, en ese orden.
Sergio Cámara Gurbiel, hijo del poeta y compositor yucateco Arturo Cámara Tappan, dio lectura a algunos de los versos que su padre escribió o musicalizó y se convirtieron en canciones de las que, por azares del destino, se extravió el arreglo musical, de modo que solo quedan de ellas las letras.El declamador leyó “Mi canción”, “Todo en silencio”, “Amor sincero” y “¿No lo adivinas?”.
Sergio Cámara cerró su participación con el poema de su autoría “A un trovador”, tributo póstumo que le brindara a su padre.
Enseguida, el Trío Despertar continuó su presentación con los temas “Inútil fuga” de Humberto Lara Lara y “Relicario triste” de Emilio “Chispas” Padrón. A petición del público, el trío ofreció dos temas más, el primero de la autoría de Fabián Cano Baqueiro, un bambuco titulado “Epílogo de un trovador”, y “Ríe” de Luis Espinosa Alcalá.— Emanuel Rincón Becerra
