Ken Mai durante la ejecución de su solo de danza “Salmos corporales” en el foro La Rendija, anteanoche
Ken Mai durante la ejecución de su solo de danza “Salmos corporales” en el foro La Rendija, anteanoche

Se dio la segunda llamada y solo hasta entonces se le permitió al público ingresar a la sala de La Rendija, en el rumbo de la Mejorada.

Quizá porque todo estaba a media luz, casi a oscuras, casi nadie se percató de que al fondo del escenario, en medio de la penumbra e iluminado por unas cuantas veladoras en el piso, estaba al acecho, inmóvil, apenas perceptible, el maestro Ken Mai, originario de Japón —con raíces finlandesas—, reconocido, versado y polifacético exponente de la danza butoh.

Silencioso e imperturbable, el artista observaba cómo paulatinamente los espectadores tomaban sus asientos para ser testigos del solo de danza “Salmos corporales” que estaba a punto de presentarles.

La puerta estaba próxima a cerrarse, nadie más entraba ni salía; la oscuridad que reinaba el espacio apenas era rota por la blanca iluminación cenital. Mai apareció de entre las sombras, lo hizo con el rostro cubierto con una tela de gasa y abrazando en el pecho un gran ramillete de flores de cempasúchil de anaranjados pétalos y largos tallos; lo hizo de forma pausada y etérea, al tiempo que una mística melodía envolvía la atmósfera.

La expresión de la danza butoh en Mai adquirió otra dimensión al incorporar recursos histriónicos y de canto, que, sumados a la plasticidad de su complexión corporal, hicieron de su presentación algo parecido a un “performance”. Sin embargo, en realidad se trata de una forma de danza que pareciera tomar elementos propios de la danza contemporánea, aunque cargada de una fuerte dosis de espontaneidad y espiritualidad; una danza misteriosa.

Ken Mai se presentó en Mérida por primera vez como parte del Festival Temporada de Danzas Misteriosas, iniciativa de Gesta de la Sabana y que también se inscribe en el Otoño Cultural 2023 de Sedeculta en IIn Ki Kalante, en una comunidad fuera de Mérida, en el municipio de Tecoh.

Como parte de las actividades de dicho festival compartirá su propuesta “La curación del butoh: Aspectos terapéuticos del butoh” en Tumak’at, a partir de hoy y hasta pasado mañana.

Lo que actualmente conocemos como butoh empezó como un manifiesto de ruptura, Ankoku Butoh, en Japón, a finales de la década de 1950. Ken Mai llegó al butoh mientras estudiaba actuación y cuando conoció la meditación zen en un monasterio de Kioto. Posteriormente conocería a otro de los primeros exponentes del butoh: Kazuo Ohno, con quien aprendería por cinco años.

Para cada maestro, la manifestación artística del butoh significa una cosa distinta, pero para Ken Mai es la revelación de una luz divina desde la fundación de la oscuridad, un ritual que nos lleva a un espacio infinito y que toca el alma, la cual corresponde a su vez a la conciencia del universo.

Mai dice que lo más importante en su práctica es evocar el amor y habitar desde su propio butoh para compartir con las personas la presencia, la naturaleza y el universo.

El cuerpo tiene memorias, no solo en el cerebro, así que es fundamental afrontar y habitar al propio cuerpo para purificarlo a través de la práctica; de esa manera surge una conciencia del “cuerpo interno”.

En su opinión, el butoh se adentra en lo profundo del cuerpo para purificarlo.

Durante alrededor de una hora el artista condujo a la audiencia mediante la plegaria y la alabanza musicalizada por medio del cuerpo, en una suerte de liberación espiritual que sana el interior de la persona.

El cuerpo se despoja de sus vestiduras al tiempo que el alma se desnuda para quedar libre de todo aquello que la perturba o envenena, un encuentro con la esencia humana que alcanzó su momento catártico en la sublime voz del artista, que realizó agudos registros musicales como clímax de su interpretación.— Emanuel Rincón Becerra

De un vistazo

Orígenes

El butoh tuvo su origen en un manifiesto de ruptura, Ankoku Butoh, en Japón, a finales de la década de 1950.

Formación

Ken Mai conoció esta manifestación artística mientras estudiaba actuación en Japón. Posteriormente conocería a Kazuo Ohno, con quien aprendería la disciplina por cinco años, al mismo tiempo que el hijo del maestro, Yoshito Ohno.

Purificación

En opinión de Ken Mai, el butoh se adentra en lo profundo del cuerpo para purificarlo.

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