El misionero Mariano Restrepo durante su testimonio, en Pensiones
El misionero Mariano Restrepo durante su testimonio, en Pensiones

“En el momento de nuestra concepción comienza una batalla espiritual inmensa que dura toda la vida”, afirmó ayer el conferenciante y misionero católico Marino Restrepo a fieles reunidos en la iglesia de El Divino Redentor, en Pensiones.

“Para resistir esta batalla y mantenernos firmes en ella necesitamos los sacramentos, necesitamos la oración y necesitamos vivir en las buenas obras, en el amor a Dios y al prójimo”, destacó.

En su intervención, Restrepo recordó la experiencia espiritual que vivió al ser secuestrado en Colombia. El Señor “me dijo que el demonio sabe quiénes somos, desde el momento que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, porque somos sus peores enemigos”.

El misionero está de visita en Mérida para compartir su testimonio de conversión a raíz de lo vivido durante el tiempo que estuvo retenido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

“Todos nosotros somos escogidos con nombre propio” por Dios, subrayó. “Y somos responsables de la salvación de todas las almas. La Eucaristía me la presentan como la misión más extraordinaria y grande de nuestra vida cristiana”.

En la reclusión, Dios “me habla del sacerdocio y me dice que no hay entre los seres humanos una persona que tenga un poder más grande en contra las tinieblas que un sacerdote santo”.

“Un sacerdote santo hace temblar a los infiernos y me mostró el sacramento de la confesión”.

La experiencia del milagro

Ante decenas de personas reunidas en la iglesia, Marino Restrepo afirmó que Jesús y María lo sacaron del lugar donde estuvo secuestrado y del cual no es posible salir salvo por milagro.

Manifestó que antes de esta experiencia él ya era creyente, pero no estaba enfocada su vida a servir a Dios y estaba alejado de la Iglesia.

“No podría estar en una situación más lamentable. Estando perfectamente consciente y despierto, solo que encapuchado y en una cueva muy oscura, entré en un éxtasis”, recordó. “En ese momento yo creía que estaba muriéndome, porque en el éxtasis aparezco a la edad de tres años, en el patio interior de la casa donde nací, en un triciclo con un palo en la mano recorriendo los jardines de la casa, golpeando las plantas y las flores, y escuchaba a alguien de la casa que me pedía que no hiciera eso. Entré en un estado de pánico pero no podía salir del éxtasis y continué reviviendo mi vida poco a poco”.

Compartió que durante su experiencia espiritual estaba consciente de que no quería morir sin antes salvar su alma; por esa razón, cuando finalmente obtuvo su libertad, se acercó a la Iglesia y se confesó. A raíz de esto mantuvo un voto de silencio que duró dos años.

Posteriormente se dio la creación de Peregrinos del Amor, esto hace más de dos décadas, tiempo en el que se ha dedicado a impartir conferencias en varios países, relatando su conversión a la fe.— Claudia Sierra Medina

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