Manuel Martín Hernández, de 54 años de edad, ha sacado adelante a su familia mediante la música y con el apoyo de su esposa.
Él es invidente debido a un golpe que sufrió a los 13 años de edad. En el ojo derecho padecía glaucoma, pero veía un poco y el ojo izquierdo lo perdió.
Ese pasaje de su vida lo recuerda como si hubiera ocurrido ayer.
“Llegué de la escuela y al entrar en la casa me resbalé en la bajada, aporrié mi rostro con la punta de un mesa y exactamente se clavó en mi ojo izquierdo, y se me vació el ojo con el que veía bien, relató.
“A partir de esto seguí estudiando, terminé como bachiller técnico de Administración de Empresas, en el Cbtis 95”, dijo.
No obstante, lamentó que no pudo ejercer su carrera porque no tuvo la oportunidad en los negocios.
Las empresas no tienen el equipo necesario, no estaban adaptadas con un sistema de habla de las computadoras para personas ciegas. Entonces me quedé con la música, apuntó.
Martín Hernández contó que sus primeros pasos en la música los dio en la Escuela de Carentes de Vista. Alrededor de los 20 años de edad comencé a tocar el órgano eléctrico.
Con éste sostengo a mi familia prácticamente tocando en las esquinas del Centro, indicó. La gente me ofrece algunas monedas. Hay días que está un poco bajo y también encomiendo mi teclado en comercios.
Martín Hernández se casó hace 27 años con Anita Silva Ramayo, quien es débil visual; tuvieron dos hijos y ahora tienen siete nietos.
Él aseguró que la vida de una persona carente de vista no es difícil, al menos en su caso. “No sé si es porque perdí la vista a los 13 años, pero no sentí el cambio, fue lo mismo”.
Ya había visto todo y no me afectó el cambio, comentó.
La única afectación con el tiempo fue la cuestión laboral, no podía conseguir trabajo, pero como cuando tenía vista ando por todos lados, solo.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
