Como cada año, cientos de fieles acudieron al Santuario Diocesano Guadalupano, en el barrio de San Cristóbal, para dar gracias a la Virgen que, según la tradición católica, el 12 de diciembre de 1531 dejó estampada su imagen en la tilma de San Juan Diego.
La romería obligó a las autoridades a cerrar el tránsito vehicular en las inmediaciones del templo, que días antes comenzó a recibir a peregrinos procedentes de diferentes poblaciones y estados.
La masiva llegada de personas a toda hora hizo también que los representantes del templo dispusieran de sitios especiales para que los fieles encendieran sus veladoras o colocaran sus flores en el atrio.
Al lugar llegaron creyentes de todas las edades, así como antorchistas de distintas poblaciones, cargando en su mayoría imágenes de la Virgen casi de su misma altura y un peso similar al de un niño de 6 años.
Felipe Tzab, plomero de 27 años y vecino de San Antonio Tehuitz, comisaría de Kanasín, fue uno de ellos. Vestido como San Juan Diego, realizó el peregrinaje de manera solitaria para pedir por la salud y el bienestar de su familia.
Solo con su bicicleta, Felipe salió de su casa el sábado 9 rumbo a Campeche y de allí emprendió el camino de regreso, sorteando los peligros de la carretera federal, que es transitada por muchos tráileres y automóviles a alta velocidad.
Además de antorchistas, entre los cuales se pudo ver a niños y niñas, también asistieron devotos de muchos años, como la familia Niño que desde 1955 acude en procesión al templo, acompañada de algunos vecinos de la colonia Vicente Solís.
“La devoción surgió con mis suegros, Juan Niño Santiago y Socorro Ciau. Ellos lo empezaron junto con los abuelos”, dijo el doctor Nelson Sosa Piña. La familia llegó cargando flores, un estandarte con la imagen de la guadalupana y un cuadro de la Virgen de más de 50 años.
“Cada año venimos. Ahora mi esposa, Martha Niño Ciau, es la que se encarga de la procesión (…) Para nosotros ya es una tradición venir cada 12 de diciembre a la misa de 10 de la mañana, y para el 12 de julio lo hacemos, pero en Ciudad de México”.
El doctor aseguró que la Virgen les ha concedido muchas cosas a él y su familia, sobre todo salud. “Yo ahorita estoy limitado de la vista, pero se lo ofrecí a la Virgen hasta que Dios diga”.
Igual para dar gracias por los favores concedidos llegó Clara de Jesús Canul Cruz con sus cuatro hijas (una en silla de ruedas), tres de ellas vestidas como la Virgen, y su nieto de brazos.
“Venimos porque todas las niñas tienen un problema: una tiene parálisis, otra tiene artritis, otra tiene retraso, y por eso venimos para pedirle a la Virgencita por una mejor calidad de vida para ellas”, dijo la mujer, vecina de la colonia Emiliano Zapata Sur III.
“Cada año venimos. Ya llevamos seis años porque la Virgen nos ha ayudado bastante. Ella (refiriéndose a la hija con artritis) cuando viene ya casi no le da dolor”, dijo Clara, quien recordó que la devoción hacia la Guadalupana comenzó con su padre, quien solía hacer una novena.
“Mi papá murió cuando ella nació (refiriéndose a la niña en silla de ruedas). Eran dos bebés, una murió, y la otra mi papá dijo que daría su vida para que ella viviera, y así pasó: mi papá murió y ella vivió al salir del coma”.
Clara asegura que la Virgen también salvó a su nieto de morir, pues estuvo a punto de perderlo en dos ocasiones. “Es muy milagrosa y no tenemos cómo agradecerle”, dijo, mientras ingresaba al templo lleno por la misa.
En las afueras de la iglesia también se concentró mucha gente, incluso a los puestos de objetos de la Virgen que estaban instalados desde el día 11 se sumaron vendedores de fritangas, algodones de azúcar, rosarios, tazas y flores.— IVÁN CANUL EK
