La conversación fue bajo las estrellas y en el dolor de la muerte.

La mujer: El fallecimiento fue lo mejor.

Doctor: Quién sabe, pues el desprendimiento es traumático. Nosotros los médicos tenemos el deber de salvar la vida a como dé lugar poniendo en ello toda nuestra capacidad humana y aplicando la tecnología moderna.

La mujer: ¿A pesar del convencimiento de la muerte cerebral?

Doctor: Sin cuestionamiento alguno. Tenemos casos en que la familia cuida con ternura y amor a un ser querido a pesar de que el enfermo haya perdido la conciencia. Es de ellos. Es carne de su carne.

Sacerdote: La muerte es dolorosa. Para nosotros los católicos es la entrada a una vida nueva. Aquí en la tierra es en el dolor cuando logramos la comprensión de que Dios hace por nosotros lo mejor. Él va tejiendo nuestra vida creando situaciones que logramos entender con el tiempo. La muerte no es en vano y muchas veces purifica el entorno en que se produce. En este caso ha sido una realización, pues a través de ella una situación familiar, anhelada por mucho tiempo, logró un milagro de amor. Nada es en vano y el dolor, cuando se transforma en vida y esperanza, vale la pena experimentarlo. El dolor purifica, da paz, comprensión y entendimiento.

Mujer: Ustedes los sacerdotes tienen la oportunidad de palpar situaciones humanas en el campo espiritual, social y económico. Deben de tener fortaleza en los momentos difíciles y consolar a los afligidos. Viven para servir y algunas veces no son comprendidos y ayudados en esta tarea.

Sacerdote: Para eso hemos sido formados. He estudiado por años y he vivido situaciones privilegiadas. Cuando me ordené pensé que podría cambiar el mundo y me entregué al trabajo en cuerpo y alma. Sigo igual pero he cambiado en varios aspectos. Pienso que tengo más humildad. Al llegar a mi parroquia quise ayudar en el problema de la vivienda considerando que ésta es de primera necesidad para los feligreses. No es así. La frustración de consolar a un moribundo que no puede conseguir la salud por falta de recursos económicos es terrible y, sobre todo, frustrante. Lo prioritario para mí, en este momento, es la salud espiritual y física de mis feligreses.

Le pido a Dios firmeza para guiar a mi parroquia en la unión, en la comprensión y en el amor y estoy convencido que es en la oración donde encuentro el aliento para esta realización.

Mujer: Una flor cortada en botón. Una vida truncada, un cuerpo sin espíritu ¿por qué? y ¿para qué?

Doctor: Es una tristeza y un misterio. En casos como éste los médicos hablamos con la familia sobre el punto delicado de la donación de órganos. En este país no hay la conciencia hacia la espera interminable que tienen los enfermos cuya única posibilidad de vida es encontrar un donante compatible. Nosotros los médicos vivimos en el dolor humano y entre la angustia que esto genera. Tenemos que ser comprensivos y darnos a los demás hasta el límite de nuestras fuerzas. En esta dádiva se encuentra la energía necesaria para continuar.

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