PARÍS (EFE).— El mantón de Manila, tan unido a España y a su tradición, fue el invitado sorpresa en el desfile de Alta Costura primavera-verano 2024 de ayer del diseñador francés Franck Sorbier.
“He querido rendir tributo a la mujer mediterránea, y en concreto a las que creían en pócimas sanadoras, y a las que en la época de la Inquisición se llamarían brujas”, explicó el modisto al finalizar el desfile.
Los mantones presentes en su colección, más bien contados pero de marcada belleza y elaboración, han destacado por la seda, los bordados de motivos florales y sus característicos flecos. A la entrada, una amazona vestida de Sorbier sobre un caballo real daba la bienvenida a los invitados.
Por “Le champs des guérisseuses” (El campo de las curanderas)”, el nombre de la colección, que tuvo lugar en el famoso estudio de fotografía Harcourt, desfilaron modelos de varias edades envueltas en sedas y encajes, bordados y descalzas, con música corsa en vivo, otro guiño mediterráneo.
El negro está muy presente en una colección en la que también hubo espacio para el color burdeos combinado con el rojo, entre otros.
Se vieron vestidos largos y conjuntos con faldas évasés, entre las que un modelo en rafia fue el primero en salir. Como era de esperarse por el tema, las flores no han faltado: estampadas, bordadas, troqueladas…
“Siempre habrá espacio para lo bello, como la Alta Costura, aunque es verdad que cada vez es más difícil”, se lamentaba el diseñador por la desaparición de oficios tan unidos a este arte de la medida y lo exclusivo.
Franck Sorbier es uno de los nombres imprescindibles en el calendario oficial de la costura desde hace décadas. Además de clientas anónimas, sus propuestas han seducido a cantantes como Johnny Hallyday y Mylène Farmer, entre otros, y se han visto sobre importantes escenarios de teatro.
Posteriormente, al otro lado del Sena, en el barrio latino, el dúo neerlandés Viktor & Rolf presentó una colección de Alta Costura en la que las prendas mostraban grandes agujeros.
Fue como si alguien se hubiese divertido en el “backstage” arruinando con unas gruesas tijeras una colección clásica y recién acabada. De hecho, el ruido de tijeras fue una constante. Sobre una pasarela de inmaculado blanco, las propuestas, íntegramente negras y con el “nude” como alternativa en algunos casos para recordar la piel humana, fue una oda a organzas y tules, así como a lentejuelas.
Si bien no es la primera vez en la que una colección de moda sale a pasarela como si estuviera rota —como el polémico desfile de Alta Costura de John Galliano para Dior de 2002—, hacía tiempo que la pasarela parisina no regalaba una moda desecha pero tan bien hecha.
Los zapatos, de alto tacón y negros llevaban la firma de Christian Louboutin, presente en primera fila en el desfile, junto a la cronista Suzy Menkes, quien no perdió detalle de cada modelo.
Hoy se clausurará la semana de la Alta Costura con el desfile de Maison Margiela.
