La psicóloga Elke Weber fue galardonada con Premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades y Ciencias Sociales de la Fundación BBVA
La psicóloga Elke Weber fue galardonada con Premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades y Ciencias Sociales de la Fundación BBVA

BILBAO, España (EFE).— Quien busque una explicación a por qué disponiendo de la mejor información el ser humano actúa contra sus propios intereses debe leer o escuchar a Elke Weber (Gelsenkirchen, Alemania, 1957), pionera y autoridad científica en el estudio de las motivaciones detrás de la toma de decisiones ante los grandes desafíos sociales y del medio ambiente.

Weber, catedrática de Psicología de la Universidad de Princeton y fundadora del Centro de Investigación de las Decisiones Ambientales en la Universidad de Columbia en Nueva York, viajó a España para asistir ayer en Bilbao a la entrega del premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades y Ciencias Sociales a varios especialistas en esas disciplinas.

¿Qué hay detrás del creciente apoyo a los populismos en Europa o a Donald Trump en Estados Unidos?

El galopante aumento de la desigualdad de las últimas décadas. Hemos dejado a mucha gente atrás desde el punto de vista económico y social, y se siente frustrada, asustada y desasistida. Los populismos, llámense Trump o Marine Le Pen (de la Agrupación Nacional en Francia) han sabido cosechar del sentimiento de ira y miedo de las personas a las que el sistema ha dejado en la estacada.

¿Son esos mismos sentimientos los que llevan a creer noticias falsas?

En parte sí, pero hay también una responsabilidad importante de las grandes empresas tecnológicas y de su tendencia a crear burbujas. Los algoritmos tienden a amplificar creencias existentes, aunque sean erróneas, en lugar de corregirlas o incluir opiniones más minoritarias. Además, tras la semilla de la desinformación hay intereses de gobiernos, como el ruso y chino, para que la gente deje de creer en la democracia.

Hace décadas se incorporó al panel de expertos en cambio climático de Naciones Unidas (IPCC, en inglés) para explicar por qué, aun conociendo la gravedad del calentamiento global, no actuamos. ¿Ha cambiado en algo nuestra actitud?

Algo se mantiene: nuestra comprensible actitud a alejarnos de un problema de tal magnitud que no podemos resolver, eso nos frustra y la tendencia es a no pensar en ello. Y algo ha cambiado: hoy el 80 por ciento de la población quiere que los gobiernos actúen frente al cambio climático y la mayoría del sector privado también.

¿La solución a la crisis ambiental pasa fundamentalmente por los gobiernos y la regulación?

Sin duda. Por eso elegimos y pagamos a nuestros responsables políticos, gobiernos y expertos, para que aborden problemas en el largo plazo. A nivel individual las personas somos “miopes”: pensamos en el aquí y en el ahora. Tenemos políticos precisamente para que trabajen por nuestro futuro común, el problema viene cuando solo actúan pensando en su propia reelección.

¿Qué podríamos hacer para que los políticos aparquen el cortoplacismo electoral y piensen a largo plazo?

Reformas gubernamentales en dos sentidos. Lo primero, limitar la influencia de los grupos de presión (“lobbies”) y prohibir sus contribuciones a los partidos políticos. Y lo segundo, hacer que los políticos tengan mandatos más largos, de ocho o diez años, y no permitir que sean reelegidos. Si un político sabe que no puede ser reelegido acabará pensando en el futuro y haciendo lo que es bueno.

¿Tiene esperanza en que los jóvenes afronten la crisis ambiental de manera más contundente de lo que se ha hecho hasta ahora?

Sí. A las generaciones más mayores nos ha dominado el miedo frente al cambio climático, a ellos les mueve la ira, que es una emoción mejor para cambiar las cosas. La clave es canalizar esa ira de una forma más constructiva. En lugar de arrojar pintura a cuadros emblemáticos de los museos deberían tratar de formar parte de partidos e instituciones y cambiar las cosas desde dentro, o estudiar ciencias y hacer avances en materias útiles para la transición ecológica, como el hidrógeno verde o la fusión.

Tras cuatro décadas investigando la psicología en la toma de decisiones ambientales, ¿se ha ido haciendo más optimista o más pesimista respecto al ser humano?

El optimismo y el pesimismo son dos formas de fatalismo, yo prefiero la esperanza aplicada: creo que el mundo puede ser un lugar mejor pero que hay que trabajar y luchar cada día para que así sea.

Reciben sus galardones

Elke Weber y otros dieciséis líderes mundiales fueron galardonados por su contribución al avance de la humanidad con aportaciones en las ciencias y las artes.

Entre los premiados están los investigadores que abrieron nuevas vías para el tratamiento de enfermedades gracias a hallazgos sobre el funcionamiento de las proteínas, y el pionero en la visión artificial que hizo posible la cirugía robótica, los automóviles autónomos y el reconocimiento facial. También se reconocieron contribuciones clave para abordar la crisis ambiental, como el descubrimiento del vínculo entre el CO2 y el aumento de temperatura en el hielo polar; la cuantificación de la magnitud de la sexta extinción de especies; las claves de la economía medioambiental, y los factores que motivan la acción frente al cambio climático. El acto, celebrado en el palacio Euskaldunaen Bilbao, puso en valor el conocimiento en sí mismo, así como su potencial para hallar soluciones a los problemas del mundo actual y trazar una “hoja de ruta” que sirva de guía “para tomar las mejores decisiones, tanto en el plano individual como en el colectivo”, destacó el presidente de la Fundación BBVA, Carlos Torres.

“Los premios Fronteras del Conocimiento han entendido siempre la complejidad de nuestro mundo como objeto de investigación”, y por ello “su mensaje es que solo desde la diversidad de las disciplinas científicas podemos aspirar a conocer el universo extraordinario en el que habitamos”, subrayó la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Eloísa del Pino.

Los biólogos mexicanos Rodolfo Dirzo y Gerardo Ceballos se convirtieron en los primeros científicos latinoamericanos en alzarse con el premio Fronteras de Ecología y Biología de la Conservación por cuatro décadas investigando para desvelar el preocupante ritmo al que se extinguen las especies y el efecto en cascada que su desaparición tiene en los ecosistemas.

La gravedad de este “pulso humano” a la vida en el planeta debería obligar, en palabras de Dirzo, a asumir “el compromiso ético de conservar todo lo posible el tesoro biológico planetario que nos acompaña, del que dependemos y del que formamos parte indisoluble”.

Los glaciólogos Dorthe Dahl-Jensen (Universidad de Copenhague), Jean Jouzel y Valérie Masson-Delmotte (Universidad de París-Saclay) y Jakob Schwander y Thomas Stocker (Universidad de Berna) resultaron ganadores este año en la categoría de cambio climático.

Gracias a sus aportaciones sabemos que las concentraciones de CO2 son un 35% más altas hoy que en los últimos 800,000 años.

Elke Weber recibió el premio en la categoría de Ciencias Sociales por su contribución a entender los factores que influyen, tanto a nivel individual como colectivo, en la toma de decisiones ambientales.

“La repercusión internacional de este premio ayudará a corregir la percepción errónea de que la ausencia de una acción climática adecuada se debe únicamente al déficit de información: conocer los déficits cognitivos, motivacionales y políticos que contribuyen a la inacción es el primer paso hacia un futuro mejor para nuestra especie en este planeta”, subrayó.

En la categoría de Economía, el premiado fue el catedrático de la universidad de Cambridge Partha Dasgupta, por llevar “cuatro décadas intentando introducir la naturaleza en el pensamiento económico”, como él mismo ha reconocido en su discurso de aceptación.

En la categoría de Biología y Biomedicina, el galardón reconoció a los científicos que desentrañaron los mecanismos de funcionamiento de las proteínas, un hallazgo clave para identificar el origen de muchas enfermedades.

Los cuatro premiados fueron Ulrich Hartl (instituto Max Planck de Bioquímica, Alemania), Arthur Horwich (Universidad de Yale), Kazutoshi Mori (Universidad de Kioto, Japón) y Peter Walter (Altos Labs y Universidad de California en San Francisco).

Takeo Kanade, catedrático de Informática y Robótica de la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh), fue reconocido en la categoría de Tecnologías de la Información y la Comunicación por desarrollar los fundamentos matemáticos de la visión artificial, hoy presente en toda clase de tecnologías de uso común.

En Ciencias Básicas, el premio valoró las aportaciones de Claire Voisin (Instituto de Matemáticas de Jussieu-Paris Rive Gauche, Francia) y Yakov Eliashberg (Universidad de Stanford) por sus aportaciones en materia de geometrías algebraica y simpléctica.

El maestro de ópera británico George Benjamin recibió el Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música, un arte que, según sus propias palabras, “define la belleza”, porque “la luz y la verdad residen en la armonía como en ningún otro lugar que exista”.

De un vistazo

Representan a Latinoamérica

Los biólogos mexicanos Rodolfo Dirzo y Gerardo Ceballos se convirtieron en los primeros científicos latinoamericanos en alzarse con el premio Fundación BBVA Fronteras de Ecología y Biología de la Conservación.

Extinción

El reconocimiento lo recibieron por cuatro décadas de investigación del ritmo al que se extinguen las especies y el efecto en cascada que su desaparición tiene en los ecosistemas.

Oda a la música

El maestro de ópera británico George Benjamin recibió el galardón en la categoría de Música, un arte que, según sus propias palabras, “define la belleza”, porque “la luz y la verdad residen en la armonía”.

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