Prince Bhojwani sentado en la montaña Charlies Bunion en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes, en Tennessee
Prince Bhojwani sentado en la montaña Charlies Bunion en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes, en Tennessee

WASHINGTON (AP).— Prince Bhojwani nunca pensó en sí mismo como una persona negativa, hasta que tres visitas al hospital en un mes lo obligaron a reconsiderar esa condición.

Antes de mayo de 2018, era el fundador de una empresa incipiente que gozaba de buena salud, pero crónicamente preocupado que hacía regularmente paseos en bicicleta de 32 kilómetros.

Cuando, de repente, apenas podía caminar, veía borroso y su presión arterial se disparaba los médicos de urgencias sospecharon que había sufrido un ictus, pero no pudieron determinar la causa de su enfermedad.

Sin embargo, un amigo —“una de las personas más optimistas que conozco”, declaró— le dijo que con frecuencia no tenía fe en que las cosas fueran a funcionar y le sugirió que esa situación lo había consumido.

“Empecé a ver el mundo muy distinto, literalmente al día siguiente”, explicó Bhojwani, que vive en la ciudad de Nueva York. Comenzó a meditar y a tomarse un momento cada mañana para agradecer que estaba vivo.

También encontró un propósito al cofundar una organización sin fines de lucro, Asana Voices, para la defensa del sur de Asia.

Desde entonces no ha sufrido ninguna crisis de salud similar, a pesar de trabajar más horas. Lo atribuye a su nueva actitud positiva.

“Un acontecimiento que me cambió la vida me obligó a ser optimista”, manifestó. “Ni siquiera me imagino viviendo la vida como lo hacía entonces”.

El optimismo en sí mismo no es un remedio para cualquier enfermedad, pero numerosos estudios realizados a lo largo de décadas han demostrado la relación entre una actitud positiva y una buena salud.

Una vida más larga

Los expertos señalaron que desde hace tiempo un estándar para medir el optimismo de una persona ha sido una prueba de 10 preguntas publicada en 1994. Entre otras cosas, se pregunta hasta qué punto la persona está de acuerdo —en una escala del 1 al 5— con la expresión: “En tiempos de incertidumbre, suelo esperar lo mejor”.

En general, el optimismo se define como la “expectativa de que ocurrirán cosas buenas o creer que el futuro será favorable porque podemos controlar resultados importantes”, señaló Hayami Koga, investigadora posdoctoral del Centro de Estudios sobre Población y Desarrollo de Harvard.

Fue la autora principal de un estudio de 2022 en el que se observó que el optimismo se asociaba con una mayor esperanza de vida y una mayor probabilidad de vivir más allá de los 90 años. En otro estudio, publicado en mayo en la revista “JAMA Psychiatry”, ella y otros investigadores afirmaron que los optimistas solían mantener un mejor funcionamiento físico a medida que envejecían. Analizaron a 5,930 mujeres posmenopáusicas durante un período de seis años.

“Sabemos que las personas más optimistas tienen más probabilidades de llevar una vida más sana, con hábitos más saludables, comiendo más sano y haciendo más ejercicio”, indicó Koga.

Aprender a serlo

Algunas personas nacen siendo más optimistas, pero definitivamente es algo que se puede aprender, opinó Sue Varma, profesora adjunta de psiquiatría clínica en la Universidad de Nueva York y autora de “Practical Optimism: The Art, Science, and Practice of Exceptional Well-Being (Optimismo práctico: El arte, la ciencia y la práctica del bienestar excepcional)”.

Según Varma, el entrenamiento en optimismo puede mejorar la satisfacción vital y reducir la ansiedad.

“Aunque no se haya nacido con esta disposición natural a anticipar resultados favorables y ver el vaso medio lleno, hay habilidades que se pueden aprender”, enfatizó la profesora.

Empieza por darte cuenta de cómo te enfrentas a la incertidumbre. ¿Tiendes a preocuparte? ¿Supones lo peor? Intenta replantearte el pensamiento de forma objetiva. “¿Hay un lado positivo? ¿Es un problema que hay que resolver o una verdad que hay que aceptar?”, apuntó Varma, quien agregó que su libro se basa en el trabajo de Martin Seligman, uno de los padres de la psicología positiva.

Trata de imaginar el mejor resultado posible y un camino paso a paso para llegar a él. Varma pide a sus clientes que describan el camino a detalle hasta resolver el problema y les anima a regodearse en su éxito.

“Entonces, ya estás afrontando tu día y tu vida como si las cosas hubieran salido bien”, señaló. “Y tiendes a ser más proactivo, más positivo, más resistente, más boyante ante los obstáculos”.

Encontrar un propósito también puede ayudar. El voluntariado sería beneficioso, pero para los que no encuentran tiempo Varma sugiere intentar rehacer su papel en el trabajo para que se ajuste mejor a sus intereses. Puede ser algo tan sencillo como que una persona muy sociable organice salidas con sus compañeros de trabajo.

Intentar dominar una habilidad, ya sea un deporte, un instrumento musical, un idioma o un pasatiempo como tejer o jugar al ajedrez puede ayudar a no pensar en posibilidades negativas.

Incluso con éstas y otras intervenciones no es fácil cambiar de mentalidad, reconoció Varma. Pero la práctica ayuda.

“Es un conjunto de herramientas, una mentalidad”, afirmó. “Tengo que practicarlo todos los días en mi mente”.

“Las personas más optimistas tienen más probabilidades de llevar una vida más sana, con hábitos más saludables, comiendo más sano y haciendo más ejercicio”

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