“LOS ENVIÓ DE DOS EN DOS…”
La misión de los “doce” supuso una mayor difusión del mensaje evangélico; sin embargo, lo que Jesús pretendió fue tan solo ver cómo se comportarían aquéllos a quienes eligió para que sean sus “apóstoles”. Su misión quedó limitada, pero más tarde fueron enviados hasta los confines del mundo.
Jesús los envió de dos en dos para que se ayuden mutuamente. El poder sobre el mal vendrá a confirmar el mensaje que anuncian y será, para todos, una señal de que se aproxima el reinado de Dios.
Solo llevarán consigo una túnica, un bastón y unas sandalias. Todo lo demás es un estorbo para el “que tiene prisa” en el camino. También deben confiar en el Señor que les envía y a cuyo servicio han entrado. No deberán ir de casa en casa sino permanecer en la que primero les acoja. No deben buscar su acomodo sino cumplir su misión.
Ahora bien, no siempre serán bienvenidos. Cuando tropiecen con el rechazo de quienes no quieren escucharles, deberán comportarse lo mismo que Jesús en la región de Gerasa y no insistir en el anuncio de un mensaje que no desean. “Sacudirse el polvo de las sandalias” significaba que se consideraba impuro el lugar abandonado y que no se quería saber nada con los que lo habitaban.
Así pues, a la raíz de nuestra historia de discípulos hay un acto de Dios. No somos los primeros actores, sino que es Dios mismo quien rompe el silencio de su misterio con su palabra y con su acción. La vocación es un dejarse aferrar, conocer, buscar y encontrar por Dios que pasa por nuestra vida y toca a la puerta de nuestra vida. Decisivo es no estar distraídos…
